martes, diciembre 12, 2023

LA ARGENTINA FRENTE AL ESPEJO

 El año 2023 se perdió inútilmente. Una oportuna asamblea legislativa podría haber adelantado las elecciones, si no hubiese prevalecido en la oposición la habitual pulsión antiperonista para desgastar al peronismo permitiendo que el kirchnerismo hiciera de las suyas durante el tiempo más largo posible.


La larga agonía terminó, sin embargo, con un balotaje que dejó un kirchnerismo reforzado y rescatado tras la derrota de un Massa que hubiera terminado para siempre con la hegemonía de Cristina Kirchner pero también como ganador al más inesperado candidato, Javier Milei, y a la Argentina por fin encaminada en una clara senda de economía liberal.


Que Javier Milei sea un declarado amigo del peronismo republicano y liberal y no un liberal antiperonista clásico, agrega esperanza a lo que hoy deberá ser un gran esfuerzo nacional de integración tras objetivos comunes.


Después de muchas décadas de creciente deterioro, la Argentina frente al espejo no encuentra ya su imagen de adolescente prometedora sino la de una nación adulta que envejeció mal.


Sin la clase dirigente conservadora de las mejores tradiciones argentinas que el peronismo debió proveer, dada su condición de gran mayoría durante mucho tiempo, entre las muchas pérdidas hay que contar la de una clase dirigente que sirviese de modelo ejemplar.


El Gral. Perón fue un revolucionario para incorporar a la clase trabajadora al poder,  pero, por el resto fue un militar católico y conservador, confiado en un ascenso social basado en el trabajo, la educación, la buena alimentación y salud, y el acceso a una vivienda digna. Gran parte de la tragedia argentina está en la falla de muchos de sus seguidores—con la excepción de Carlos Menem, con mucha justicia reivindicado por Javier Milei—en constituirse en esta clase ejemplar y en asegurar las bases de un crecimiento sostenido aceptando la realidad de una imprescindible economía liberal. Abrir a los dirigentes anclados en modalidades del pasado a instrumentos modernos para los mismos propósitos de ennoblecer a los desposeídos y ayudarlos a mejorar, accediendo al trabajo, y proteger a los trabajadores, será una tarea política del primer orden. No de negociación, sino de conducción.


Pero no es este el único mal a enmendar.


Hoy, frente al desolador paisaje, cabe otra vez la esperanza, pero también las dudas acerca de que los actuales dirigentes en todos sus niveles—Gobierno, empresas, sindicatos, movimientos sociales—tengan la suficiente lucidez como para entender el concepto de modelo y ejemplaridad.


La delincuencia se adueñó de todos los ámbitos, desde el Gobierno en sus más altas autoridades, hasta el peatón casual que roba las zapatillas al ladrón que acaba de abatir la policía, pasando por todos los niveles de las empresas, sindicatos, escuela, universidades, hospitales, casas particulares. Robar es una costumbre, hoy parte del ADN nacional y requiere una urgente intervención en ese nivel constitutivo: debe quedar MUY claro que nadie debe robar, en ningún ámbito y castigar muy ejemplarmente incluso los pequeños robos.


El espejo no perdona. Si los argentinos nos atrevemos a mirarnos en él, nos veremos en nuestra doble categoría de Nación empobrecida y en bancarrota, por la falta de libertad, y de Pueblo destruido en su educación y buenas costumbres, por la falta de ejemplaridad.


En ambos sentidos, se trata de un trabajo de conducción política y de un trabajo colectivo de acompañamiento en la misma dirección.


¿Podremos?

lunes, noviembre 20, 2023

EL TRIUNFO EMPONZOÑADO DE MILEI

La moneda cayó del lado liberal peronista y no del peronista liberal y, a los efectos de la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo, todo sería lo mismo—más veloz con uno, menos veloz con otro—si no fuera que el triunfo no se debió a un crecimiento de Milei sino a la intromisión de Macri como aliado electoral y a la colaboración anti-peronista electoral de Schiaretti.

Y estas alianzas tampoco serían determinantes en el sentido de que las ideas de Macri y Schiaretti en economía, seguridad  y política exterior son semejantes a las de Milei, pero resultan incompatibles con el proyecto personal que Milei, por sí mismo—al igual que Massa por sí mismo, si le hubiese tocado ganar—debería desarrollar. 

Este proyecto, que no es otro que el proyecto peronista liberal de Menem y Cavallo, responsables del único gobierno exitoso de la democracia, tiene en los nuevos aliados electorales, a dos potenciales enemigos de un acercamiento fundante de Milei al peronismo. ¿Podrá Milei reconocer el peligro y tener la habilidad política para sortearlo?

De esto depende que pueda hacer las imprescindibles reformas que la Argentina precisa.

Es posible que Macri siga insistiendo con su deseo de sustituir al peronismo con un movimiento propio, sin advertir que su destino, quizá  ya definitivamente perdido, era conducirlo.

Es posible que Schiaretti, liquidado Massa como competidor,  lance ahora su postergado proyecto de recuperación del PJ.

Lo que es seguro, sin embargo, es que ninguno ayudará a Milei a consolidar su propio espacio personal de heredero del  proyecto Menem-Cavallo.  El potencial de esta herencia de liberalismo y peronismo unidos es enorme, con un Milei aliado a y trabajando con la CGT, los movimientos sociales y los sectores no kirchneristas del peronismo, y creando en conjunto los nuevos instrumentos de protección efectiva de los trabajadores, la promoción del trabajo legal en los millones de desocupados y trabajadores informales y la creación de métodos modernos para facilitar el acceso a la educación, formación profesional y salud.

Macri, en su momento, se equivocó al elegir al radicalismo como su base territorial. ¿Podrá Milei despegarse de esta emponzoñada alianza electoral con Juntos por el Cambio y empezar a construir su base territorial junto al peronismo de modo de que liberalismo y peronismo queden finalmente unidos en un PJ reconocido de una vez y para siempre como el partido de la Producción y el Trabajo?

Eso es lo que está por resolverse. Cuando se habla de violencia, se habla de esto: de un peronismo real (además del obvio kirchnerismo anticapitalista) que se pretende seguir excluyendo con la más enorme de las cegueras y que reaccionaría en contra de las reformas.  Milei no es ciego, pero ¿podrá conducir?

La otra cara de la moneda, la que perdió, tenía esto en claro y, además, un gran as en la manga: terminar, de verdad y para siempre, con el kirchnerismo.  Massa como nuevo jefe podría haber decidido políticas liberales sin oposición, con la ayuda integrada de la CGT y los movimientos sociales atendidos en sus necesidades.  No tuvo el coraje de proclamar su liberalismo real ante sus socios kirchneristas. La ciudadanía no lo adivinó, del mismo modo que en 1999 no adivinó a un Duhalde a tiempo de ser socio de Cavallo (como lo fue en la elección provincial que dio el triunfo a Ruckauf) y votó a de la Rúa. Un Duhalde presidente, asociado a Cavallo, nos hubiera ahorrado las miserias del 2002, el kirchnerismo y la decadencia actual.

Ayer, como hoy, hacen falta más políticos con experiencia y visión de estadistas. Son los políticos los que deben comprender las necesidades de la Nación y del pueblo y conducir en consecuencia.

Hoy, el kirchnerismo, con la derrota de Massa y el triunfo en la Provincia de Buenos Aires, recuperó una capacidad de daño importante.

La idea de un gobierno de unidad nacional sigue vigente. Pero no cualquier unidad, sino la unidad inteligente, la que puede realmente inspirarse en el único éxito del pasado y no repetir los errores más recientes.

 

miércoles, octubre 25, 2023

MASSA-MILEI Y LA DEUDA PENDIENTE DEL PERONISMO

 

Si contamos bien la historia de los últimos veintitantos años de la Argentina, veremos que la paulatina decadencia hasta llegar a la terrible situación actual tiene un solo origen: la destrucción por el mismo peronismo de su extraordinario éxito en los años 90.

Si no se entiende esto, no se entenderá tampoco por qué hemos llegado a esta final opción entre Massa y Milei para ver quién es el más apto para enderezar el rumbo torcido en 2002 por Duhalde primero y mantenido en curso hasta el presente por el kirchnerismo.

Si no se entiende entonces que estamos frente a una suerte de interna final de un peronismo disperso listo para reunirse bajo una nueva conducción y un nuevo rumbo, no se entenderá tampoco que solo una correcta actitud de ambos candidatos, disminuyendo la desconfianza del electorado, resolverá del modo menos traumático el hoy postergado destino argentino.

¿Qué puede aportar cada uno de los candidatos?

En principio y por sí mismos—sin mirar las alianzas temporales que ambos puedan hacer para juntar más votos—parecen las dos caras de la misma moneda peronista liberal que logró la unidad nacional, el fin de inflación y una década de crecimiento y prosperidad para los argentinos: Massa hoy como el aspirante a ser un jefe absoluto del peronismo tal como lo fue Menem y Milei, con el mismo perfil liberal de Cavallo aunque sin los equipos de la Mediterránea, ahora libres, sin embargo, como fue la intención inicial para quien resulte el próximo presidente.

No es una casualidad que ambos candidatos hayan mostrado una afinidad al competir con Juntos por el Cambio: se trataba de ganar a la coalición que, desde un comienzo, se equivocó al querer hacer un cambio liberal con el radicalismo y no con el peronismo.

Como ya demostraron Menem y Cavallo, no hay posibilidad de un programa liberal exitoso sin el apoyo de los trabajadores, o sea, del peronismo y sus organizaciones sindicales, a las que hoy se suman los movimientos sociales resultantes del empobrecimiento anti-capitalista del kirchnerismo.

Massa entonces debe reforzar su liberalismo económico, explicando además por qué este es no solo necesario para asegurar el crecimiento, sino que es compatible con la promoción y protección social de trabajadores a través de nuevos instrumentos.

Milei, por otra parte, debe revisar su idea acerca de la justicia social. La que hoy manifiesta es incompatible con el peronismo y, si ganase, haría imposible su gobierno. La gran fortaleza de Cavallo fue la de entender siempre al peronismo y facilitar así la tarea de Menem para promover las reformas.

La gran prioridad de la Argentina es eliminar la inflación, terminar con las políticas anti-mercado y anti-crecimiento del kirchnerismo y transitar el cambio en paz, con una adecuada y concentrada atención de la mitad de argentinos hoy pobres.

Si el lema de Milei para ganar a Massa es “Terminar con el kirchnerismo”, más que oponerse a Massa lo fortalece, ya que comparten la consigna. Massa, para ser el presidente eficaz y moderno que quiere ser, como peronista tiene que hacer algo mejor con el kirchnerismo remanente: conducirlo y enderezarlo para que, efectivamente, sus errores terminen para siempre.

Los nuevos socios de Milei, naturalmente, le cambiarán el libreto y dirán “Terminar con el peronismo”. Y cambiarán así, también, al Milei que creció por ser el único valiente en reivindicar el exitoso gobierno peronista de los 90.

Massa tiene, a su vez, que mostrar al liberalismo en su conjunto cuál será su programa económico y quiénes integrarán su equipo y dar así  una clara señal de que será el mejor candidato para hacer las reformas liberales en paz y con la colaboración de los sindicatos.

El peronismo y el liberalismo ya lo hicieron juntos una vez. Pueden repetir la hazaña y mostrar a quienes todavía no comprendieron, que la verdad de un país dividido nunca está en un solo lugar.

Tampoco el éxito, si no es compartido.

 

 

martes, septiembre 05, 2023

EL BIPARTIDISMO SUBTERRÁNEO

  

Camino a las elecciones de octubre, las tres principales fuerzas en competencia intentan redefinir sus posiciones relativas. Dos de ellas, La libertad avanza y Unión por la Patria, se eligieron mutuamente en rivales preferidos. La otra, Juntos por el cambio, optó por incorporar un sólido equipo económico para compensar la manifiesta debilidad de su candidata a presidente y se recostó más que nunca en la fortaleza territorial radical. Esta lectura es la obvia pero, detrás de la obviedad se oculta un fenómeno mucho más interesante: la actual redefinición de los dos espacios políticos tradicionales, el del radicalismo y el peronismo.

Una redefinición creada no por las cúpulas, sino desde abajo hacia arriba por las sucesivas preferencias de los votantes cuando no por la abstención o el voto en blanco. Se percibe una poderosa corriente oscura y subterránea pero, poco a poco, reordenadora.

Así, mirando todo más en profundidad, vemos una realidad diferente a la aparente, una realidad familiar y renovada a la vez. La de un Partido Radical arropando a Juntos por el Cambio con sus valores tradicionales y que se dispone, como siempre, a enfrentar al Peronismo, y la un Partido Justicialista informal (porque el formal sigue en muchos lugares ocupado por el kirchnerismo), en el que se va a llevar a cabo una segunda interna dentro de la elección general.

Con el kirchnerismo ya retirado de la escena, competirán por el voto peronista, Javier Milei y Sergio Massa.  

Por delante de una multitud de dirigentes ciegos o miedosos, el primero que vio cómo se desperdiciaba la herencia del peronismo liberal fue—ya lo sabemosJavier Milei. Salió al ruedo calificando al gobierno de Menem-Cavallo como el mejor de la democracia. Hablando no solo a la juventud liberal, sino sin despreciarla y comprendiéndola en sus inmensas necesidades y aspiraciones—a la juventud peronista. Resultado: fue el candidato más votado en las PASO.

Hoy se buscan nexos secretos entre Milei y Sergio Massa, pensando en corrupción, en listas pagas, en negocios futuros, en la conveniencia de ambos de eliminar a Juntos por el Cambio, etc. En lo que no se piensa es que Juntos por el Cambio ocupa hoy una vez más el espacio radical.  Y tampoco se considera qué significa Milei dentro del espacio del Partido Justicialista informal y por qué está allí. Milei se ganó su propio lugar dentro del peronismo por reclamar la herencia de Menem que ningún otro peronista se atrevió a reclamar y por ser un liberal que, al igual que Cavallo, no desprecia al peronismo. Si gana en la interna peronista frente a Massa, será por su habilidad para sumar con naturalidad votos peronistas y votos liberales.

Massa es también un liberal—y si se duda de esto, preguntarle al kirchnerismo. Es, además, un pícaro dispuesto a todo para ganar la presidencia. Dentro de ese todo, se incluye su catastrófica experiencia como ministro de economía sometido a los dictados del kirchnerismo, una catástrofe que, sin embargo, le ganó la candidatura. Falta ver cómo se las arreglará ahora ante la opinión pública para vender su propio proyecto liberal de producción y trabajo con los matices necesarios que lo diferencien de Milei y dibujen un futuro próspero. Más allá de tener un mejor physique du rôle para el cargo que Milei, deberá también mostrarse confiable. Quizá reclamando su parte de la herencia Menem-Cavallo y definiendo mejor sus ideas en una interna a la que el kirchnerismo ya renunció.

El espacio radical ya está definido y, por suerte, con un grado de liberalismo que no hace temer por la Argentina: el proto-presidente Melconian irá lentamente por el camino correcto. Es muy posible que la simultánea interna peronista deje un solo ganador y que el espacio radical entre así en la segunda vuelta. Y es posible también que el espacio radical gane, si el ganador peronista no satisface a la gran mayoría de los argentinos.

Todo sigue abierto.

La interna peronista, a jugarse dentro de la interna general, tiene aún muchas sorpresas para dar. Milei y Massa irán refinando y mejorando sus propuestas, estableciendo un puente virtual y virtuoso con los años 90, con sus logros y las necesarias correcciones. La participación en debates ayudará a ambos si entienden cuál es su interlocutor real: el peronista que ha sido empobrecido y abandonado por quienes creían saber cómo gobernar y no sabían nada. El peronismo, masivamente, votará a uno u otro. Pero a ambos interesará luego un peronismo liberal unido en un mismo espacio, el de la producción y el trabajo.

El peronismo ya mostró su vocación de ayudar a Milei, una vocación que se reafirmaría si Massa perdiese: Massa es el primero en no desear que vuelva el kirchnerismo al que ya ni en teoría podría representar y a Milei le convendría sumar con Massa al resto del peronismo.

Y si Milei perdiese, él y su espíritu liberal renovador no se perderían. Un Macri finalmente ganador porque todos los suyos perdieron, lo espera. Pero, tiene otras alternativas además de Macri. Hace poco le preguntaron a Massa quién sería su ministro de economía si llegase a la presidencia. Su críptica respuesta fue: “Se van a sorprender”.

Quizá no nos sorprendamos tanto.

Tampoco debería sorprendernos en los años venideros, el sano regreso al bipartidismo. Un bipartidismo actualizado y revitalizado con nuevas líneas internas. Un bipartidismo sin una casta oligárquica y corrupta, pero sí con una élite seriamente formada y democráticamente elegida. 

lunes, agosto 14, 2023

¿EL REGRESO DEL MENEM-CAVALLISMO?

 


Y amaneció no más. Las PASO, con la contundente preponderancia en todo el país de Javier Milei, dejaron claro no solo que la gente tiene bronca sino que ser liberal masivamente en la Argentina ya es posible.

Por más que muchos quieran negarlo y olvidarlo, la Argentina y una gran mayoría de argentinos, fue exitosa y contundentemente liberal en la década de los 90, bajo el gobierno de lo que peronistas y no peronistas aún insisten en negar—salvo Milei, claro, el único por ahora en reivindicar a este gobierno como el mejor de la democracia y uno de los mejores de la historia.

Parte del actual éxito de Milei proviene del reconocimiento de este fenómeno que lo inspiró a acercarse al peronismo más popular y volver a abrirle las puertas del liberalismo como hizo Menem en su momento.

Todo esto, sin embargo, no quiere decir que Milei vaya a ser presidente, como ya muchos temen, trasladando el temor a un triunfo kirchnerista al temor a un giro “liberal populista”. La ceguera hacia lo que debería suceder en la Argentina en materia de liderazgo para sacarla adelante, persiste!

Milei ha hecho el gran favor a los argentinos de descubrir la inmensa debilidad como candidatos de Larreta y Bullrich, resaltando el error del renunciamiento de Mauricio Macri.

Pero, también ha hecho un gran favor a los dos candidatos peronistas que son los que deben finalmente domar el monstruito kirchnerista para que no pueda volver a molestar nunca más ni como kircherista ni como pseudo-peronista: Milei reveló el potencial todavía inexplotado por los dos candidatos peronistas del antecedente y legado del menem-cavallismo.

La reivindicación del peronismo liberal como el que supo, pudo y podría una vez más sacar a la Argentina del pozo sin odios, ni sangre, ni mayores conflictos sindicales o populares.

Schiaretti y Massa callan al respecto, eluden, evaden. Sería hora de que uno de ellos sea realmente competitivo para un electorado harto de improvisaciones, al que hay que mostrarle un modelo posible porque ya se hizo, y alentarlo nuevamente en la unión del peronismo con el liberalismo.

Schiaretti debería dejar de felicitar a Duhalde y Alfonsín por su unión para terminar de pésimo modo la convertibilidad—pesificando y destruyendo los contratos privados en dólares, el INICIO REAL Y FORMAL DE LA DECADENCIA QUE YA DURA MÁS DE VEINTE AÑOS—y concentrarse en rescatar el exitoso gobierno de los 90 del cual formó parte y cuyas ideas más importantes aún sostiene. Es, además, el receptor fundamental vigente del plan de la Fundación Mediterránea, la piedra filosofal  de un nuevo éxito. Pero tiene que visibilizarse y comunicar, junto al muy eficiente mediáticamente Randazzo. No pueden seguir invisibles y tampoco con un discurso duhaldista. Deben animarse a un discurso explícitamente menem-cavallista. Incluso seguir planteando el frente de frentes, pero esta vez con Milei, con quien tendrían esa afinidad, si decidieran por fin asumirla.

A Massa, el otro candidato con un pasado lo suficientemente liberal como para que su actual oportunista kirchnerización no moleste, le cabe la misma recomendación: como peronista, asumir el pasado exitoso del menem- cavallismo y no el pasado fracasado del kirchnerismo. Deberá convencer a la jefa del espacio, que a esta altura solo quiere su libertad y la de sus hijos, y que, habiendo sido menem-cavallista en el pasado puede muy bien aceptar esto como una derrota táctica.

Los tres candidatos tienen fortalezas superiores a las de la deficiente candidata del PRO.

También tienen los tres debilidades a superar: Milei no tiene un partido organizado detrás de sí como lo tuvo Menem y estará obligado a crearlo en muy poco tiempo o a hacer una alianza. Schiaretti debe renunciar a la cómoda invisibilidad y transformarse en un visitante asiduo de los programas políticos y noticieros, con un nuevo discurso menem-cavallista que patee el tablero. Y Massa debería comenzar ya a actuar como un liberal convencido y a poner las ideas kirchneristas a un costado.

Milei, Schiaretti, Massa: tres candidatos con posibles afinidades, alianzas o solidaridades, con el objetivo de retomar el camino perdido a fines de 2001, el camino que Macri intentó retomar sin la inteligencia de reivindicarlo y reclamar ESE peronismo para sí.

Es el camino que hoy sigue abierto para TODOS los argentinos sepan que sí, hay un camino, y que sí hay quienes están en condiciones de reconocerlo y volver a seguirlo para bien de la Argentina y para la paz de todos.

 

sábado, julio 29, 2023

EL GRAN AUSENTE

 

Todos sabemos ya QUÉ precisa la Argentina y tenemos cada día más claro el CÓMO.  La pregunta es: ¿QUIÉN?

Ojalá en las próximas PASO fuera tan fácil decidir como entre los candidatos del PRO al Gobierno de la Ciudad: Jorge Macri representa el voto confianza frente a un Martín Lousteau del que los propios radicales desconfían, no vaya a salir con otra 125.

Y ahí aparece el hueco, la ausencia: el otro Macri, Mauricio, que en mala hora dudó de sí mismo y dejó como odioso regalo a dos candidatos menores.

Hoy frente a un Sergio Massa que aún con su propia economía en contra llama la atención por su energía, su voluntad de trabajo y su audacia, los dos candidatos menores temen que su descontado triunfo corra riesgos.

Y temen con razón: Massa despierta los secretos fantasmas de un peronismo que hace rato sueña con un jefe digno de ese nombre, que entienda los tiempos modernos y sepa adaptar a la Argentina, el peronismo y los sindicatos, tal como lo hizo Menem, a la economía liberal global.  Claro está que para que pueda hacer eso, Cristina Kirchner debe definitivamente ser vencida.

¿Perdiendo la provincia de Buenos Aires a manos de Néstor Grindetti o Diego Santilli? ¿Descubriendo que centenares de miles de votantes peronistas cortan boleta, desdeñan la lista de senadores y diputados kirchneristas donde no hay casi massistas y votan un combo de Massa y senadores y diputados de Milei?

Con Massa presidente y su propia lista, Cristina Kirchner no se acabó aún. Con Massa presidente y sin la provincia de Buenos Aires ni los suficientes diputados y senadores como para bloquear, el kirchnerismo sí se acabó para siempre. Por otra parte, como jefe del peronismo, el nuevo presidente no tendría entorpecimiento de los sindicatos para hacer las reformas. El otro candidato peronista, Juan Schiaretti, tendría la misma ventaja pero su campaña es, por ahora, invisible.

Con un Mauricio Macri único candidato de la oposición, el temor que despierta Massa (o esperanza, en más casos de los que se podría creer) ni siquiera tendría lugar, y a Massa le cabría solo un papel semejante al de Alberto Fernández, para perder esta vez. Hoy, el único regreso posible de Mauricio Macri será como un inteligente jefe de la oposición, empujando las reformas. ¿Un regreso calculado cuando se mira la debilidad de sus candidatos?

Hoy, la deserción de Macri oscurece un panorama que debería ser claro. Pero en la Argentina siempre parece ser de noche hasta que amanece.

miércoles, junio 28, 2023

EL GIRO HACIA LA REALIDAD

 

Si algo faltaba para señalar el definitivo giro del kirchnerismo hacia la mal comprendida y siempre eludida realidad, la designación de Sergio Massa como candidato del ex espacio Frente de todos, ahora Unión por la Patria, salda la deuda.

Ya nadie duda de que, disfrazado o admitido, el giro hacia una economía de mercado, cada día un poquito más liberal, es lo que se viene.

En el peronismo, lamentablemente, el giro no fue la consecuencia de un debate interno que ayudaría a los millones de votantes de ese espacio a entender qué es lo que estuvo mal en la gestión kirchnerista. Sólo la presión de la realidad logró el resistido giro, aún no admitido en los discursos propios, aún pesando sobre áreas que no han entrado todavía plenamente en discusión, como la política exterior.

 La doctrina peronista dice Soberanía política: es decir, las bases y puertos chinos no tienen lugar en una Argentina justa, libre y soberana. No es la injerencia del FMI lo que resta soberanía, sino la autorización para que una de las dos grandes potencias que aspiran a la dominación mundial despliegue sobre el territorio nacional recursos de capacidad militar.

Revisando las bases elementales de la doctrina peronista, para que ese Sergio Massa que aspira a ser el nuevo macho alfa del peronismo, pueda transmitir correctamente a sus simpatizantes y menos convencidos compañeros de ruta los nuevos lineamientos realistas, se le puede recordar algo fundamental que difícilmente ignore. Independencia económica significa hoy que los capitales extranjeros y argentinos puedan regresar a invertir en el país con condiciones claras de estabilidad de la moneda y con una justicia confiable.

Por otra parte, Justicia social quiere decir hoy empleo registrado para todos los trabajadores con nuevas leyes laborales que protejan al trabajador sin desalentar el empleo registrado en todo tipo de empresas, desde las más pequeñas a las grandes multinacionales.

Llegó así la hora de un peronismo virtuoso, si quiere competir con chances frente a fuerzas opositoras que tienen las reglas del crecimiento y de la política exterior más claras.

Un peronismo que inevitablemente será liberal en lo económico, como venimos diciendo desde los años 90—la muestra cabal de que el peronismo es capaz de conocer el cómo y hacer en consecuencia.

El anti-peronismo puede seguir refugiándose en las fuerzas tradicionalmente opuestas no solo al kirchnerismo sino al mismo peronismo, siendo fieles a sí mismos.

El peronismo no kirchnerista puede refugiarse en las listas de Pichetto o en un Schiaretti candidato a Presidente, o dar un pícaro voto de confianza a Massa, si este confirma el rumbo del cambio.

A la Argentina, ya no le importan los nombres, como resalta el resurgir de los mercados de bonos y acciones: el giro ya comenzó.

Sea quien sea el preferido y elegido para la próxima etapa, el futuro colectivo ya está en la buena senda.

Después de 20 años de errar el camino.

domingo, mayo 28, 2023

LA GRAN INTERNA NACIONAL

 Todo parece cubierto por una densa niebla de confusión y desinformación.

A pocas semanas del cierre de listas continúa siendo casi imposible hacer predicciones sobre los candidatos que finalmente estarán en condiciones de competir por el premio mayor de la presidencia.

Es más fácil, quizá, darle la espalda a todos y mirar a quienes deben elegirlos y al grado de claridad que ya tienen sobre algunos temas.

Parece haber un consenso general acerca de la necesidad de aceptar las reglas institucionales, perfeccionando la calidad y competencia de quienes administran los diferentes estamentos del Estado.

Igualmente, se ve una creciente comprensión de que la inflación es provocada por la emisión, para cubrir el exceso de gasto público.

Se entiende cada vez más que no hay otro modo de cubrir el gasto estatal de la Nación, provincias y municipios que reducir y racionalizar el gasto y generar una mayor productividad privada para recaudar mejores impuestos.

Por lo tanto, los  candidatos con más chances de convencer al electorado serán los que expliquen esto con la mayor sencillez posible, con generosidad esclarecedora y sin insultos ni excesiva egolatría.

El electorado de menores recursos, tradicionalmente peronista, precisa en particular un discurso diferenciado.

Un discurso peronista, en el cual no perciban la menor dosis de ataque a todo aquello que en el peronismo es respetado y querido.

No se terminará con los habituales defectos de un peronismo hoy envejecido, sin renovación y con pésimos dirigentes, insultándolo, insistiendo permanentemente en algunos de los errores de su pasado. En especial, no respetándolo  y no reconociendo lealmente que se trató de un movimiento revolucionario para elevar a los trabajadores a la clase media, objetivo cumplido que hizo de la Argentina un país único en América Latina. 

El tradicional votante del peronismo debe hoy amigarse con la economía liberal, la única que le permitirá recuperar hoy una moneda digna y sustentable y recrear el clima de alta inversión y productividad que hoy perdió.

Si los liberales lo atacan, no lo convencerán de su razón económica.

Al votante peronista tradicional hay que recordarle que el estado chiquito que los líderes izquierdizados critican, fue el que permitió durante los años de Menem- Cavallo, suprimir la inflación y aumentar la productividad, liberando todas las trabas de comercio con el mundo.

Recordarle de paso que fue el gasto excesivo de las provincias lo que creó la posible quiebra de la Nación a fines de 2001 y obligó al temporario corralito. En particular, el gasto de la Provincia de Buenos Aires, con un Duhalde que quería ganar las elecciones de 1999 y oponerse a la economía liberal imperante.

Un Duhalde que perdió y que sin embargo fue presidente tras el golpe institucional a de la Rua, con la ayuda de Alfonsín y el sostén de los empresarios privados también endeudados en dólares a quienes, como a Duhalde, les convenía la trágica pesificación.

Esa pesificación ilegal que despojó a los ahorristas de sus legítimos dólares, esos que el temporario corralito había, sin embargo, legalmente respetado y que iba a seguir respetando, como la base necesaria del contrato liberal.

Los argentinos que hoy seguimos pagando el precio de aquel terrible error.

Lo correcto hubiera sido eliminar el cambio fijo de un dólar/un peso, mantener la misma convertibilidad pero flotante, y seguir respetando los depósitos y contratos en dólares.

Se hubiera podido tomar deuda para hacer frente a la quiebra temporaria, liberar el corralito y con la mayor productividad, originada en el definitivo respeto a las reglas y contratos, se la hubiera saldado sin problemas.

Muy posiblemente, los términos de intercambio entre peso y dólar hubiesen vuelto muy cerca de su lugar de partida, ese hoy denostado y mal comprendido uno a uno.

Más tarde o más temprano, además, se hubiese podido modificar lo que aún hoy sigue pendiente, invirtiendo el esquema centralista hoy vigente y permitiendo que las provincias recauden sus propios recursos y aporten a la Nación, haciéndose responsables de su propio presupuesto, y asegurando, por fin, un auténtico federalismo.

El votante peronista todavía no tiene el relato completo y verdadero de su propia historia.

Menos aún los jóvenes que no vivieron el éxito de los 90, los que solo escucharon hablar mal de la convertibilidad y los 90, los que se ilusionaron después con Kirchner para quedar desconcertados y sin una auténtica conducción después del fracaso del cristinismo, reiterado hoy, los que no terminan de comprender en qué se equivocó Macri.

¿Quiénes son los líderes, liberales o peronistas, que puedan hacerse cargo de la verdad de la historia reciente? La verdad es tan peronista como liberal. Negar a uno es negar al otro.

Y negar el vendaval de realidad que descorrería por fin la niebla de la confusión y de la desinformación si se reclamase, otra vez, la imprescindible unión de los opuestos.

Muchos dirigentes peronistas, notablemente la principal de ellos, la actual vicepresidenta, continúan confundidos y confundiendo a la vez que intencionadamente desinformando.

Muchos dirigentes liberales no pierden ocasión de atacar al peronismo y a los peronistas en la vana intención de eliminarlos para siempre de toda competencia.

Unos pocos, muy pocos, defienden al peronismo y al liberalismo a la vez.

¿Quiénes serán hoy aquellos que como Menem y Cavallo en su momento, comprendieron que la Argentina precisa los dos motores funcionando al unísono para no caer al abismo?

Bien explicado, es fácil de entender. 

Y, por lo tanto, explicarlo hará más fácil convocar a esa inmensa mayoría expectante y huérfana de liderazgo que espera que la verdad emerja por fin de la niebla.

miércoles, abril 26, 2023

LIDERAZGO

El problema de la economía argentina es, antes que nada, un problema político.

El del peronismo que no supo crear un liderazgo alternativo a los Kirchner, reivindicando con orgullo el peronismo liberal de los años 90 y revisando y corrigiendo las deficiencias que el programa supo tener, en especial, a partir de la separación de Domingo Cavallo del gobierno en 1996.

También el problema de la única oposición fuerte al kirchnerismo, la de Mauricio Macri con su partido PRO, que no supo tomar como propia esa herencia y prefirió aliarse con los radicales, en ese sueño no confesado de terminar para siempre, ya no con el kirchnerismo, sino con el siempre maldito e incomprendido peronismo.

La carencia de un liderazgo válido y correctamente orientado, es persistente y no es un problema que las PASO puedan solucionar, si antes no emerge con claridad un líder con las ideas correctas acerca del rumbo que debe tomar el país en su economía, relaciones exteriores y seguridad interior, en particular, y con el temperamento adecuado para conducir a una potencial nueva mayoría de argentinos. Un liderazgo capacitado y entrenado en la conducción y en la gestión.

Cuando Mauricio Macri renunció a ser candidato a presidente, sosteniendo que había ganado la batalla contra su ego, ya que era la hora de los equipos, se equivocaba una vez más, allí donde ningún peronista se hubiese equivocado: no es de ningún modo la hora de los equipos, sino la hora de un nuevo líder. Su ego tenía la razón. Todavía está a tiempo de hacerle caso.

Los peronistas antikirchneristas son posiblemente los más útiles a la hora de imaginar un gobierno capaz de conducir por la senda liberal a la CGT y a los Movimientos Sociales, garantizando la protección a la vez que la evolución hacia el trabajo dentro de un programa de estabilización monetaria y de crecimiento en libertad.

No se ve mucho entusiasmo en los medios por convocarlos, tenerlos en cuenta o ayudarlos a construir esa mayoría. Solo Miguel Ángel Pichetto tiene el pase libre porque está en Juntos por el Cambio. Pero, ¿quién cuenta con Schiaretti? ¿o con los otros gobernadores o ex gobernadores, como Urtubey, que podrían ayudar a crear esa nueva y muy necesaria mayoría liberal y peronista a la vez?

¿Cuánto falta para que se reconozca que la solución liberal del país debe fatalmente incluir como actor principal al peronismo?

Un peronismo maltratado no solo por el kirchnerismo sino por un antiperonismo liberal que no quiere ceder ante la realidad de la historia: la Argentina estuvo bien conducida y bien encaminada no solo por Roca y los gobiernos anteriores a 1930, sino por el peronismo liberal de los 90.

Eso lo comprende y explica bien el liberal Milei. Pero los demás, sólo envidian su popularidad, en vez de aceptar la realidad: la solución es con el peronismo, y no contra él.

sábado, marzo 18, 2023

LA JUGADA MAESTRA QUE PUEDE SORPRENDER A LOS ARGENTINOS

 

Ya está publicado el calendario electoral y está llegando la hora de que se presenten todas las posibles candidaturas, además de las alianzas. Una novedad coincidente: la aparición formal de Juan Schiaretti, Gobernador de Córdoba, como candidato a presidente, apelando a cerrar la grieta inventada por el kirchnerismo y proponiendo un modo de gestión de la economía con extrema libertad semejante al implementado en Córdoba.

Si notamos que Schiaretti es puro peronismo y que, al igual que Menem en la década de los 90, no le tiene miedo al liberalismo sino que además lo considera el complemento indispensable para participar en la economía global del siglo XXI, comprobamos que la exitosa fórmula de los 90, de unir al peronismo con el liberalismo, ya tiene una parte. Pero, eso no es todavía cerrar la grieta: hace falta que los argentinos vean unidos a peronistas y liberales, de modo que la división quede automáticamente eliminada. Y ahí es donde aparece la solución que puede sorprender a los argentinos por su claridad y su vigor.

Se trata de forjar una alianza con la contundente fuerza como para superar las propuestas equivocadas o tibias, dialoguistas en las formas pero que no unen en la práctica, y sin la extrema audacia que se necesita para dar vuelta la economía con el sostén conjunto de empresarios y sindicatos.

Macri, Schiaretti y Milei compitiendo en las PASO en una alianza sin egos, donde el plan económico esté acordado al igual que los roles de cada uno con diferentes posibles posiciones en un futuro gobierno. Un gobierno que, sin duda, pondría así al frente a los mejores hombres de la Argentina y que ya tienen, en cada uno de los diferentes espacios, la mayor cantidad de talentos en cada especialidad. La Argentina está en su peor momento y precisa la unión de los mejores.

Desde un punto de vista político, esta alianza conviene no solo a la Argentina para concentrar fuerzas en la mejor solución, sino también a cada uno de los candidatos.

Macri saldría por arriba del dilema de tener que contemplar las pobres y poco ambiciosas aspiraciones de Rodríguez Larreta, de la Coalición Cívica y de los radicales, y podría por fin dar rienda suelta a su imaginación y poder liberal y, de paso, mejorar lo que ya comenzó con Pichetto, su unión con el peronismo.

Schiaretti no tendría que explicar más que no, que nunca fue kirchnerista ni lo será, y ofrecer a todos los peronistas desencantados una alternativa semejante a la que ofrecieron Menem y Cavallo, uniendo con éxito total al peronismo y al liberalismo, y expresaría así la continuidad perdida de un peronismo republicano y respetuoso y con las ideas económicas correctas.

Milei a su vez, tendría la oportunidad de estar al lado de dos gobernantes con más experiencia que él y aportar en la dirección de una solución global para la Argentina y, si no llegase a ganar las PASO, ser parte de un gobierno semejante al de los 90 que tanto admira, formarse como administrador y aspirar en la próxima elección a la presidencia para reemplazar a sus mayores.

¿Una PASO entre tres personalidades con gran caudal de votos? ¿Qué harían los “perdedores”? No habría perdedores, porque el de Presidente es solo un rol y hay muchos roles con los cuales cumplir en el gobierno de un país en crisis terminal. San Martín y Belgrano no se peleaban para ver quién sería el Padre de la Patria. Hacían lo que tenían que hacer. Eso esperamos los argentinos de los líderes de hoy. Macri Presidente, Schiaretti, Ministro de Economía con la Mediterránea  , Schiaretti Presidente, Macri Canciller. En ambos casos, Milei Ministro de lo que elija para solucionar. Milei Presidente, Macri Canciller, Schiaretti como Ministro de Economía con la Mediterránea.

Las combinaciones de los segundos son infinitas y algunas muy expresivas de lo que pueden significar, incluso para ganar en la arrasada e insegura Provincia de Buenos Aires, un problema sin resolver para todos: por ejemplo, Bullrich Gobernadora.

La sorpresa de una alianza generosa y patriótica dará vuelta el hoy trillado tablero electoral. ¿Quién quiere otra vez una elección Macri o Kirchner? ¿Quién quiere perder la fuerza arrasadora que dará al gobierno ganador (no al candidato ganador sino al gobierno conjunto ganador) para transformar la Argentina y encaminarla hacia su mejor destino?

Macri, Schiaretti y Milei, ellos elegirán cómo prefieren que los argentinos los elijan para ganar los tres y que la Argentina no pierda, otra vez, su oportunidad.

sábado, febrero 25, 2023

SCHIARETTI, EL REDENTOR

 

Con apariciones limitadas y sin definir aún una posible candidatura presidencial, el Gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti emerge como la figura que puede redimir al peronismo y limpiarlo de su desvío de veinte años de kirchnerismo.

Todavía ignorado por muchos, en especial por cierto antiperonismo que quisiera que el kirchnerismo se llevara consigo al peronismo, Schiaretti representa hoy al mejor peronismo. Es, además, el único dirigente nacional que se resistió siempre a negociar con los Kirchner y el que mejor encarnó con su gobierno las metas republicanas y productivas del peronismo más genuino. El que hoy puede encarnar, dentro del peronismo, la continuación de un peronismo democrático y liberal que retome sin pudor los logros de los años noventa.

Interlocutor natural de Mauricio Macri  y de Javier Milei, Schiaretti puede abrir muy pronto un diálogo productivo con ellos, el único diálogo posible: el de aquellos que comparten hacia donde debe ir el país.

Con o sin alianzas explícitas, los tres dirigentes pueden hacer mucho para avanzar las ideas de una economía liberal y Schiaretti, en particular, puede ayudar enormemente a actualizar el sindicalismo peronista con nuevos instrumentos que permitan tanto el crecimiento sin límites de la economía como la seguridad de los trabajadores.

Ofreciendo al país una mirada integral, semejante a la de Mauricio Macri pero con el acento puesto en los trabajadores y aspirantes al trabajo peronistas, Schiaretti puede lograr el milagro de una auténtica mayoría republicana y liberal que termine para siempre con las peligrosas e improductivas fantasías izquierdistas del kirchnerismo que han hecho carne en muchos peronistas sin formación ni otra conducción. Ayudando además a que muchos votantes de Milei no lo hagan sólo por su rabia contra los políticos, sino con una información y formación que los integre de verdad al poder.

Dibujar con claridad para los futuros votantes la imagen de la nueva Argentina que puede renacer de sus actuales cenizas y colaborar con la cordobesa Fundación Mediterránea para que se instale un diálogo público entre los tres principales conductores de las nuevas ideas de la economía—Schiaretti, Macri y Milei, sin egos y con la Argentina como objetivo principal—ayudará a que los argentinos puedan enterarse del qué, cómo y para qué. Esa racionalidad explícita que hoy está faltando en la discusión política.

El extraviado votante de origen peronista, actor que no estaba invitado explícitamente al escenario electoral, estará entonces en forma presente y consciente, buscando cómo asegurarse un satisfactorio resultado electoral   

Y la redención se llevará así a cabo, en ese entrelazamiento ya producido de hecho con los peronistas refugiados en el Pro, desesperanzados con Milei u hoy solos, en el llano, añorando los tiempos en que los dirigentes políticos del peronismo habían leído “Conducción Política”. Y sabían que el triunfo no se conseguía jamás sin una participación consciente e informada de los conducidos y sin una unión de las fuerzas semejantes y afines en el propósito.

viernes, enero 27, 2023

SCHIARETTI, MACRI, MILEI: PERONISMO EN ALTA FIDELIDAD

 

Los tres líderes disponen de un activo fundamental del que todos los demás carecen: su vocación liberal y –con un Macri que aún tiene que reforzar su vínculo con el peronismo—su reconocimiento del punto exacto en que la Argentina perdió su rumbo. Los tres han comprendido que las exitosas políticas de la década argentina protagonizada por Menem y Cavallo y que De la Rua intentó continuar sin éxito, no debieron nunca ser abandonadas. Y que, por lo tanto, el éxito que todos los argentinos esperan después de dos décadas de pésimas políticas kirchneristas, está en regresar a ellas. Macri lo intentó, pero a medias, y desde una equivocada oposición al peronismo que luego, por suerte, corrigió con la incorporación de Miguel Pichetto, pero sin que le alcanzase para regresar al poder.

No se trata entonces de si peronismo sí o peronismo no—el sonsonete de muchos radicales, liberales y kirchneristas anti-peronistas—sino de qué es hoy ese peronismo que para muchos aún sigue siendo difícil de comprender.

El peronismo es, sigue y seguirá siendo el movimiento creado por el General Perón para incluir a los trabajadores—con su único capital, el del trabajo—en la toma de decisiones de las políticas nacionales de modo de favorecerlos, creando más trabajo y mejores condiciones de vida, progreso y ascenso social. Eso es peronismo y todo aquello que no tiene esencialmente en la mira aumentar el trabajo y favorecer a los trabajadores al mismo tiempo, no es peronismo.

Es simple: todo aquello que favorece la inversión, aumenta el trabajo, consigue mejores condiciones legalizando el trabajo y protegiendo a los trabajadores al mismo tiempo que a sus empleadores, para que generen más trabajo, es peronismo.

Lo que Schiaretti, Macri y Milei tienen entonces frente a sí es a la gran masa mayoritaria de argentinos—los trabajadores legales, los trabajadores que no están legalizados, los que han perdido sus trabajos, los que nunca consiguieron aún un trabajo por falta de capacitación—para hacer lo que el duhaldismo y el kirchnerismo no supieron hacer en sus veinte años de gestión: peronismo real.

¿Cómo lo harán?

En primer término, eliminando la inflación y consiguiendo de arranque una moneda sana en un marco de libertad de intercambio interno y externo y en segundo término, modernizando los instrumentos tradicionalmente protectores del trabajador, con seguros con aportes a cargo del mismo trabajador en aseguradoras sindicales o privadas, emulando el modelo de las obras sociales y las ART y liberando al empleador de la protección.  

En tercer término y no por último, menos importante: reforma fiscal suprimiendo impuestos inútiles o superpuestos y permitiendo que las provincias y municipios recauden y aporten a la nación—invirtiendo el sistema centralista que detuvo por dos siglos la creación de un país auténticamente federal y con provincias autónomas y altamente desarrolladas, tan ricas y tan atractivas o más que la Ciudad de Buenos Aires. No sólo esto desalentaría las ridículas fantasías de traslado de la actual capital como solución para el federalismo, sino que permitiría que decenas de miles de jóvenes emigraran ya no a otros países sino a nuestras propias provincias en la soñada expansión y vertiginoso crecimiento.

Los tres líderes deben unir sus discursos, preservando sus identidades y dando a los argentinos la exacta medida de lo que es ser fiel a la mejor tradición tanto del liberalismo como del peronismo, uniendo lo que nunca más debería ser visto por separado.

El periodismo, por su parte, debería renovar su visión y ayudar a aclarar el panorama que los malos dirigentes y los analistas con más fanatismo que pragmatismo, continúan transitando sin innovar.

¿Un espacio común para los tres dirigentes?  En la mente de los argentinos, sin duda, porque los tres expresan la visión de lo que la Argentina debería votar para ser lo que está destinada a ser: una patria justa, libre y soberana.

En las elecciones... las PASO dirán.