martes, mayo 10, 2022

LA INEXORABLE POLÍTICA PERONISTA Y LIBERAL: FALTA EL EJECUTOR

 El perdurable odio de unos por otros nubla la razón colectiva y oculta la obvia solución argentina, que debe ser a la vez peronista—para atender el cuidado y promoción de millones de excluidos—y liberal—para asegurar el crecimiento y la estabilidad.

Se mira la realidad política desde el pasado, manteniendo viva la idea de que peronismo y liberalismo están fatalmente opuestos cuando, sin ir más lejos, la experiencia de los años 90 demostró que no es así y más aún, que la unión de ambos podía generar un inmenso crecimiento y progreso.

Hoy hace falta más: más peronismo, más liberalismo.

Y hace falta el ejecutor: el liberal que entienda cómo puede funcionar el peronismo o el peronista que entienda que se puede hacer un excelente peronismo dentro de una economía liberal.

Al liberalismo le caben las tareas de estabilizar la moneda y hacerla otra vez convertible, de eliminar el déficit fiscal, de eliminar los impuestos recesivos y, en particular, a las exportaciones, y de generar las condiciones necesarias para facilitar la producción y crear una economía ágil y libre.

Al peronismo le caben sus tradicionales tareas de protección de los trabajadores registrados, no registrados, desocupados formados y desocupados no formados—hombres y mujeres sin hijos o con hijos en edad escolar—y las de la organización de condiciones de vivienda, salud y educación para esos sectores—incluyendo a las madres de hijos no escolarizados y a los niños escolarizados o no.  

Los liberales no precisan explicaciones acerca de cómo lograr sus objetivos: las exitosas economías de los países centrales y de muchos otros vienen mostrando el cómo desde hace décadas.

Es el peronismo el que precisa una reconversión en sus métodos para lograr los objetivos de siempre. Mientras el mundo se globalizó con una política general de producción capitalista sin inflación, el peronismo local se aferró a su antiguo estatismo inflacionario, convirtiendo a la Argentina en un país fallido con un 50% de pobres.

El General Perón, sin embargo, dejó una enseñanza clara al promover la organización de los trabajadores por fuera de Estado.

La CGT y los sindicatos son organizaciones libres del pueblo y es por eso que, desde el comienzo, aprendieron a organizarse para proveer salud y turismo a sus afiliados, además de defender el único capital inicial que tienen los trabajadores: el de su trabajo.

Este es el modelo en el que un peronismo reconvertido debe inspirarse y dejar que, mientras desde el Estado se hace la reforma liberal que termine con la inflación y cree las mejores condiciones de productividad, los sindicatos tomen a su cargo la protección social bajo el lema: “No hay otra clase de hombres y mujeres que los que trabajan.”

¿Cómo sería el nuevo modelo?

1) Eliminación de todos los planes superpuestos y creación de un plan único de inclusión—al trabajo o a la educación/formación—con  un seguro de desempleo, personal y bancarizado. Se restituye la dignidad: todos son o van a ser trabajadores.

2) Registro sindical universal y obligatorio de trabajadores, sea cual sea su condición—empleado, desocupado o en formación. Se terminan así la exclusión y el descontrol, ya que junto al registro de sueldo o seguro, existe el de pertenencia como trabajador ocupado o en formación en un sindicato. Sabremos fácilmente quién es quién y qué hace y será más fácil recuperar a los auto-excluidos y cear mejores condiciones de seguridad para todos. 

3) Aporte del trabajador para su jubilación, seguro de desempleo, y educación/formación cuando corresponda

4) Formación técnica y de oficios en los sindicatos. Cursos a cargo de trabajadores desocupados formados pasando su oficio.

5) Creación del bachillerato sindical de dos años que permita un acceso a la universidad a quienes demuestren talentos especiales

6) Simplificación y modernización de las leyes laborales: el trabajador se protege a sí mismo a partir del poder colectivo que le da la asociación sindical.

7) Creación de aseguradora sindical para administrar los aportes y seguros de desempleo

8) Ley de auditoría que asegure que los afiliados tengan poder de control sobre las cuentas sindicales

9) Eliminación del Ministerio de Desarrollo Social, quedando todas las cuestiones que atañen a los trabajadores ocupados o no, a cargo del Ministerio de Trabajo y/o de otros que eventualmente correspondan, p.ej. Ministerio de Educación

10) Creación de ley por la cual todos los trabajadores del Estado entran en situación de disponibilidad sin perder su sueldo  y son reasignados, de modo de permitir un Estado liviano, con empleados altamente formados y productivos y con los trabajadores que hoy están mal ubicados, reasignados allí donde puedan demostrar mejor su capacidad y hacer carrera.

El Estado y las empresas que ocupan trabajadores inicialmente volcarán los recursos necesarios para poner en marcha el nuevo plan virtuoso que, en la medida en que más y más trabajadores se sumen, eduquen, trabajen y aporten deberá sostenerse por sí mismo y liberar tanto a las empresas como al Estado de cualquier obligación hacia sus trabajadores que no sea la del pago del sueldo y las buenas condiciones de seguridad, higiene y otras en sus ambientes de trabajo.

Otro plan especial, nacional y/o provincial que el peronismo puede crear, independiente del Estado aunque también con  su inversión inicial, es el de la creación de cooperativas rurales con la cesión de tierras fiscales improductivas a futuros trabajadores rurales que construirían allí sus viviendas según un  modelo colectivo y racional, trabajarían allí mismo, y pagarían con su trabajo el dinero que se les preste vía crédito bancario para arrancar el proyecto.

Este plan rural debe comenzar a pequeña escala, creando un modelo económico fácil de repetir y/o amplificar y, además, seguramente exportable a países vecinos, de modo de reducir la inevitable presión inmigratoria que se sufrirá cuando la Argentina comience  otra vez a crecer.

Mientras que el liberalismo apura sus planes de reforma de la macro economía el peronismo debería hacer un esfuerzo paralelo para crear su propia reforma compatible para proteger a los trabajadores al mismo tiempo que atrayendo y multiplicando las inversiones locales y extranjeras.

Un trabajo simultáneo sería ideal, demostrando que somos capaces de organizar una reforma que sirva a todos y no perjudique a nadie.

   

sábado, abril 30, 2022

LA COALICIÓN LIBERAL Y LOS TRES PERONISMOS

 

Los trabajadores peronistas no tienen nada para festejar en el Día del Trabajo.

Y, en cambio, tienen mucho para pensar acerca de lo que apoyan.

Tuvo que aparecer Javier Milei para recordar a los argentinos que el liberalismo gobernó con éxito no sólo en el remoto pasado de colonia informal inglesa sino a fines del siglo XX, con el gobierno peronista liberal de Carlos Menem y Domingo Cavallo.

También Javier Milei, lejos de enfurecerse con los trabajadores peronistas, ha comenzado a hacerse amigo de ellos, en especial de los trabajadores desocupados y los que subsisten con planes miserables, que hoy, como ayer con Menem y Cavallo, están dispuestos a apoyar a todo aquel que entienda cómo se logra una moneda estable, termine con la inflación y libere por fin los miles de inversiones reprimidas por la falta de una moneda estable.

Y está José Luis Espert, que insiste, y con muchísima razón, que antes que pensar en nombres, hay que hacer una mesa de ideas y ponerse de acuerdo en un programa que defina las tres reformas inmediatas: la monetaria, la laboral y la fiscal.

Pero está el vacío de liderazgo del peronismo liberal. Ese peronismo que debería haber reivindicado, antes que Javier Milei, su propio gobierno exitoso de los años 90. Ese peronismo que debería enorgullecerse de haber reconciliado el peronismo y el liberalismo y mostrado, en la práctica, cuál es la infalible fórmula del éxito en la Argentina.

Ese peronismo liberal que hoy debería estar trabajando junto a la CGT y los sindicatos para hacer el plan de rescate de los millones de trabajadores no registrados, desocupados o con planes, actuando como la organización libre del pueblo que Perón separó claramente del Estado.

La coalición liberal recién está comenzando a armarse.

Va a ir muy rápido.

Se están adelantando las elecciones en muchas provincias, ¿no es esa una señal de que deberían adelantarse también las elecciones nacionales?

Esto ayudaría a sincerar ya las coaliciones y los programas.

Falta el gobernador, intendente o dirigente peronista que se anime a dar un paso más allá del que dio Miguel Angel Pichetto con su peronismo republicano al aliarse con el PRO, y se declare peronista republicano y liberal.

Falta el líder del espacio peronista liberal.

El que pueda más tarde recuperar el Partido Justicialista Nacional y el de la Provincia de Buenos Aires, secuestrados por el kirchnerismo.

El líder que no tenga miedo de proponerse como líder de todo el peronismo, hoy partido en tres: el peronismo estatista social-demócrata de un Duhalde y otros, el peronismo liberal hoy invisible como opción para la opinión pública, y el kirchnerismo de izquierda.

La incorporación de uno o más líderes del peronismo liberal aportaría a la coalición liberal para la producción y el trabajo lo que el Partido Radical aportó a Macri.

Y ese aporte estructural a nivel nacional, permitiría que entrasen sin temor a la coalición, los liberales del PRO, Macri, Bullrich y tantos otros que hoy deben refugiarse en un proyecto demasiado tibio para el shock de cambio que la Argentina necesita.

Un cambio como el de los años 90.

No se trata hoy de lo que se vendió en la última década como grieta: “peronistas” contra “neoliberales”.

Ni el kirchnerismo era peronista.

Ni Juntos para el Cambio, liberal.

En el horizonte, hay peronismo desorganizado en todas partes.

Se trata hoy de facilitar la visión sobre las tres realidades políticas en las que los argentinos creen:

Una social-democracia con fuerte intervención estatal

Una izquierda setentista y tradicional

Un liberal-peronismo o peronismo-liberal

Cada una de estas ideas debe estar expresada claramente en una coalición de semejantes y afines.

Las tres coaliciones crearán luego sus programas y formarán su coalición electoral.

Los argentinos podremos así discriminar con claridad lo que elegimos.

Y las PASO y las elecciones generales mostrarán si aprendimos o no la dura lección de este fracaso de veinte años.

sábado, abril 16, 2022

MONEDA ESTABLE: UNA CAUSA NACIONAL

 

El actual gobierno está dividido y débil y además, desorientado, acerca de lo que puede o debe hacer.

Asombra que, en el menú de opciones, no figure en primer término resolver el más grave de los problemas argentinos desde que se terminó la convertibilidad: la falta de una moneda estable y creíble.

Se habla mucho de inflación y solo desde la oposición liberal, de moneda estable.

Esto confunde a mucha gente, e increíblemente, a muchos en el gobierno también: como si la moneda estable fuera una política “neoliberal”.

NO: UNA MONEDA ESTABLE SIRVE IGUAL A LIBERALES, SOCIAL DEMÓCRATAS Y COMUNISTAS.

Una moneda estable es una moneda estable, no una política.

Una moneda estable es la que permite transacciones previsibles. Entre privados, entre el Estado y privados y viceversa, y entre Estados.

Se dice que hace falta credibilidad y poder político para lograr una moneda estable.

Es cierto. Pero también es cierto que, SIENDO LA MONEDA ESTABLE UNA CAUSA NACIONAL, un gobierno débil puede convocar a la oposición, a todas las oposiciones, y consensuar el modo de estabilizar la moneda. 

Este gobierno podría llevar una inmensa calma a los argentinos proponiendo una inmediata mesa de acuerdo, convocando a todos los economistas representantes de la oposición sobre las mejores bases actuales de creación de una moneda estable (redefiniendo el rol del Banco Central, creando una caja de convertibilidad con una moneda o una canasta de monedas, permitiendo un libre uso de moneda extranjera en precios y contratos, y todo aquello que los expertos acuerden como la mejor opción).

La falta de reservas, al estar toda la oposición de acuerdo, puede resolverse con un adelantamiento-préstamo de impuestos de los sectores productivos. Con la certeza de que, con un acuerdo nacional de todas las fuerzas de no modificar las nuevas condiciones de la moneda estable, este préstamo a cuenta de, será estará garantizado y será respetado.

Con una moneda estable, no solo se terminaría la inflación sino que lentamente comenzaría la inversión.

Muchos de los conflictos actuales acerca de qué otras políticas deben organizar la economía, persistirían, al igual que las diferentes ideas de los actores de gobierno y oposición acerca de las mismas. Sin embargo, las discusiones serían más fáciles, ya que habría una moneda estable con la cual discutir las políticas de Estado y una total liberación del sector privado acerca de esta cuestión: los contratos y precios entre privados podrían establecerse sobre una base estable.

Con un acuerdo de todas las fuerzas con el Gobierno, esto es inmediatamente posible. No hace falta seguir desangrando el país y torturando a todos los argentinos durante los próximos dos años por falta de iniciativa y claridad política.

¿Esto dará aire a un gobierno que no lo merece? ¿A un peronismo moribundo que muchos quisieran ver enterrado para siempre?

NO. UNA MONEDA ESTABLE DARÁ AIRE A LOS ARGENTINOS Y PERMITIRÁ UNA VIDA NORMAL.

Las mejores condiciones de esa vida normal—cuántos  impuestos, en qué y cómo gastarlos, con qué leyes—serán la materia de la discusión en las próximas elecciones, donde peronistas, liberales y oposición deberán pensar muy bien qué le proponen a los argentinos para un mayor y mejor crecimiento y una mayor felicidad.

jueves, marzo 31, 2022

LA OPORTUNIDAD PERONISTA DE LA CRISIS DE GOBIERNO

 

Por suerte, un Milei se da cuenta de que la principal preocupación de la gente es la inflación y pone el tema sobre las mesas de dirigentes y periodistas, hasta ahora más entretenidos en otras cuestiones.

Por suerte, existe un Melconian que también se da cuenta y trabaja con un equipo en la Mediterránea para estudiar el cómo, si convertibilidad o dolarización.

Por suerte, aparecen los dirigentes retrógrados que inmediatamente atacan la convertibilidad o la dolarización como medidas “neoliberales”, mostrando a la vez confusión e ignorancia, y trazando una clara línea divisoria entre los que proponen una solución real para la inflación y los que todavía no entienden de qué se trata.

Por desgracia, en el gobierno—en sus tres líneas, la presidencial, la kirchnerista y la massista—tampoco se tiene clara la diferencia entre una política económica liberal, que los social demócratas, por ejemplo, podrían discutir con argumentos de cierta lógica, y una política de estabilización de la moneda, que debería ser YA una aspiración nacional de liberales, presidencialistas, radicales, cambiemistas, massistas y kirchneristas, sin distinción de ideologías o pertenencias partidarias.

¿Se puede hoy con pocas reservas estabilizar la moneda? Por qué no, si están primero la comprensión de que es imprescindible hacerlo y después la decisión.

En vez de intentar imponer impuestos prepotentes sobre bienes no declarados en el exterior—que no están declarados precisamente por la inestabilidad de la moneda y la costumbre confiscadora de muchos gobiernos, el último el de Duhalde—se podría hacer una colecta voluntaria, tomar un préstamo e incluso sugerir a los Kirchner que hagan un aporte importante en este sentido, ya que muy posiblemente,  serían también afectados por los fondos no declarados en el exterior.

El gobierno, por falta de claridad conceptual y sentido de la oportunidad política, se está perdiendo el liderar esta batalla nacional: la de la lucha por  terminar con la inflación cambiando y sanando la moneda.

No tiene equipos para hacerlo pero puede contratarlos: allí están, a la vista de todos, ¿para qué esperar dos años desangrando el país por ceguera?

El peronismo tiene además tras de sí una corona de laureles en relación a la lucha contra la inflación: la batalla ganada durante diez años por el equipo Menem-Cavallo.

Esa perfecta combinación peronista- liberal que hoy debería inspirar al gobierno en vez de dejarlo hundirse en el barro de los errores de interpretación económica habituales.

La vicepresidente citó en su despacho al embajador de los Estados Unidos. ¡Bien por ella! Es hora de desandar el camino equivocado.

El presidente debería imitarla y redoblar la apuesta y llamar a Milei y a Melconian—¿y por qué no a su viejo amigo Domingo Cavallo para asesorarlos a todos?—y estudiar ya mismo un inmediato plan monetario.

¿Por qué no? El poder político que hoy falta llegaría con sólo anunciar el proyecto y embarcar a todos en la reforma monetaria.

Con el tiempo, se podría discutir el resto, cuán abierta debe estar la economía, el cómo de las reformas laboral y sindical, pero la moneda...a nadie le conviene esperar.

lunes, febrero 28, 2022

LA HERMANDAD PERONISTA LIBERAL

 

 

Como siempre, la realidad del inmenso progreso internacional y económico de la Argentina durante los años 90, continua siendo la única verdad.

La unión del liberalismo con el peronismo fue el único camino posible además, en aquel momento y lo es hoy, aún más, después de 20 años de destrucción sistemática—por acción u omisión—de la economía argentina y de su lugar en el mundo.

De no haber interferido Duhalde con la ayuda de Alfonsín en 2001-2002, el proceso de crecimiento de la Argentina no se hubiera detenido. Hoy sería una potencia. Y su posición en el mundo sería aún más sólida de lo que fue entonces, en vez de estar sometida hoy a las pésimas decisiones de un kirchnerismo en agotamiento pero aún peligroso en estos tiempos de guerra.

El mundo político local ya adelanta las elecciones presidenciales de 2023 y, en particular, quienes se referencian en el PJ han comenzado la batalla por posicionarse en el partido nacional y en los partidos provinciales. Hoy divididos entre camporistas-cristinistas y albertistas, no ofrecen otro interés que el de suscitar el deseo de que ambos sean arrinconados. Y si es posible, enviados a crear su propia fuerza en otro lugar que no sea el PJ, ya que de peronistas tienen, como ya se sabe, solo las mañas pero no el espíritu.

Existen dirigentes peronistas liberales, menemistas y cavallistas históricos y peronistas republicanos tímidos a la hora de declararse liberales. Lo que no existe aún es una columna peronista liberal que aspire a competir dentro del PJ y ganar. Es posible, además, que la promesa de elecciones libres en una interna abierta no se cumpla, ya que es solo una promesa del actual volátil presidente.

Por lo tanto, convendría ir creando un espacio informal de encuentro de la hoy no explícita hermandad peronista liberal—la que se referencia en el PJ, la del PRO y la de los liberales independientes—y construir una nueva alternativa por ahora informal pero lista para unirse competitivamente para las próximas elecciones bajo un programa común que retome y mejore la política peronista liberal de los años 90.

Al incluir este espacio informal una columna referenciada en el PJ—allí revistarían los gobernadores como Schiaretti, Uñac y otros, así como innumerables intendentes y otras figuras—que eventualmente pudiese ganar la interna peronista, el espacio informal adquiriría automáticamente en alianza el potencial del gran partido nacional, permitiendo así un sólido sostén a la proposición política.

Por el contrario, si dicha columna no pudiese participar en la interna, el peronismo liberal tendría un inmediato espacio de pertenencia desde el cual contribuir a imponer masivamente las ideas peronistas liberales.

La visibilización de esta idea heredera de los años 90 primero y promovida luego por figuras diversas unidas en ese espacio informal tiene la fortaleza de la flexibilidad. Es sanamente movimientista y, a la vez, franca aspirante a un espacio institucional.

Un espacio en el que a la larga, de recuperar el peronismo liberal el PJ, dejaría otra vez en escena como rivales a los dos grandes partidos históricos nacionales. El Partido Justicialista como partido liberal  de la producción y el trabajo y el Partido Radical, como expresión de la social democracia.

Muchos anti-kirchneristas pueden negarse a este esquema que, por cierto, explicitaría la ya existente fractura del PRO. Este es un cálculo poco imaginativo, ya que la nueva hermandad, coherente ideológicamente y persiguiendo los mismos fines, superaría la oferta actual y permitiría, además al Partido Radical a aliarse con aquellos del PRO que le son afines y ofrecer una social democracia de mejor calidad que la del kircherismo-albertismo. Mucho voto antiliberal que habitualmente se canaliza en el kircherismo, se refugiaría en un radicalismo sin liberalismo.

No hay que temer entonces a que en las próximas elecciones haya eventualmente tres propuestas. La de un PJ aún cooptado por el kirchnerismo; la de un Partido Radical con el PRO no liberal; y la de la explícita nueva hermandad peronista liberal.

El espacio político quedaría así organizado en tres tercios competitivos con propuestas bien diferenciadas y colaborando a crear una mayor y mejor cultura política entre los argentinos.

La tercera propuesta es en sí misma la mejor demostración de la falsedad de la “brecha” y el por qué ni uno ni otro de los dos bandos logró gobernar con éxito, al evitar combinar los socios correctos.

La tercera propuesta de hermandad peronista liberal une a los que hay que unir, a los que históricamente construyeron la grandeza de la Argentina, opuestos en el tramo revolucionario del peronismo pero fraternalmente unidos desde los años 90.

Hay que comenzar ahora a plantear esta posibilidad.

Visibilizando con nombres y presencias los adherentes a esta hermandad de modo de ofrecer a los argentinos una dirigencia con una visión diferente.

Explicando de modo sencillo cómo sacar al país adelante, con una economía libre, sindicatos modernizados y relanzados, y con una política exterior que apoye y comprenda la globalización.

 Y sosteniendo, una vez más, con convicción y firmeza, que la Argentina sí tiene destino de potencia y que si una vez pudimos encaminarla, otra vez podremos.

viernes, enero 21, 2022

LA REACCIÓN PERONISTA A LA IRRESPONSABLE POLÍTICA EXTERIOR DEL GOBIERNO

 

Un fenómeno que no se aprecia bien: desde que post-últimas elecciones y derrota, el kirchnerismo decidió acoplarse como fuese al peronismo, aún declamando más versiones propias que doctrinarias, la política argentina se simplificó, enriqueciéndose a la vez.

Ya no se trata de la fatal elección de la grieta, que opone a macristas y kirchneristas, sino que hay un camino posible para entender la realidad nacional de otro modo: el peronismo interpelado tiene su propia interpretación de sí mismo, bastante diferente de la del kirchnerismo.

Una interpretación muy oportuna para recordar en estos momentos en que una Cristina Kirchner desesperada en su ahogo judicial, está dispuesta a subirse, y al país con ella, en el primer barco que pase, ruso o chino, da igual, con tal de que tenga más combustible que las canoas cubanas, venezolanas o nicaragüenses.

El ahogo judicial es, por otra parte, lamentable: la mayor culpa del tejido y entretejido de negociados con el Estado es de Néstor Kirchner, no de su viuda ni de sus hijos, culpables solo de la debilidad de seguir usufructuando de la corrupción instalada por el marido y padre. De ello, podrían arrepentirse, y post-devolución de lo mal obtenido, al pueblo no le importaría dar vuelta la página.

Cualquier salida es mejor que, por terror y desesperación, embarcar a la Nación en un viaje sin retorno. No solo el kirchnerismo debería pensar en esto, sino también la oposición no peronista, muchas veces fogoneadora de los caminos sin retorno.

La posición geopolítica peronista es clara: es, desde siempre, continentalista y universalista. Que el continente contenga a los Estados Unidos y a Canadá, es considerado desde hace mucho como una suerte y una bendición para las Américas—mucho antes de la oportunidad lamentablemente perdida del ALCA, oh, por culpa de quién sino de Néstor Kirchner, el verdadero villano de esta historia junto a su compadre Duhalde que lo habilitó, presa del resentimiento contra Menem. 

Ser compañeros y socios de la primera potencia tecnológica del mundo le parece una buena idea a un  peronismo que piensa en el desarrollo de la Argentina y de los demás países atrasados de la región. Ese continentalismo debería ser revitalizado, para bien de todos, y muy especialmente de los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, hoy atrapados en lo que quedó de la antigua guerra fría y sin opción de pertenecer a un nuevo conjunto solidario que las desbloquee.

Que el mundo contenga a potencias aspirantes a la hegemonía como Rusia y China, no preocupa al peronismo ni lo lanzaría tampoco a alianzas extrañas. Con su continentalismo de base, sólo puede concentrarse en la próxima idea, tan prevista por el General Perón como el continentalismo, que es dedicarse a construir las bases posibles de una gobernanza universal en la cual los diversos continentalismos tengan su lugar y las revueltas queden limitadas a conflictos menores. 

Es imposible pensar en términos bélicos de oposición de potencias, cuando es factible y más productivo pensar en términos de resolución de antiguos conflictos—como las relaciones de Rusia con Europa, que deberían abrirse más que cerrarse, o las de Estados Unidos con China, que tras la desastrosa conducción de Trump, deberían volver a mejorar. El mundo ya tiene una bandera global, hecha de las comunicaciones e intereses entrelazados. La oscuridad de estos días es que esa bandera no es aún visible para todos.

El peronismo piensa, desde los inicios de la globalización, en la paz y en cómo coordinar intereses de modo que la armonía global predomine.

Por lo tanto, el peronismo, aún inexplicablemente tímido frente al kirchnerismo--vaya a saber presa de qué complejo porque una mujer es hoy su líder—debe tener una respuesta contundente ante las alarmantes novedades en la política exterior.

Algo que quizá ayude a los dirigentes peronistas no kirchneristas a tomar las riendas de su propio partido y condición, es pensar en el poco talento para gobernar del presidente y su vicepresidenta. No se puede temer a personas sin talento que ni siquiera tienen ya demasiados votantes. Votantes que registran también la falta de soluciones, una consecuencia inevitable de la falta de talento para gobernar. Se sabe hacer el trabajo o no se sabe. Ni Alberto Fernández sabe ni Cristina Kirchner supo o sabe.

Talentoso fue Néstor Kirchner para amasar su fortuna. Cristina Kirchner no fue talentosa como oscura diputada ni para gobernar como presidente—todo lo que hizo de bueno, como propiciar algunas leyes valiosas para las minorías, fue por idea de otros—y tampoco lo es hoy como vicepresidente, preocupada por su propio destino y el de sus hijos y no por el del país. Le falta el talento incluso para darse cuenta de cómo la beneficiaría interesarse de verdad por el país y suplir con aprendizaje su carencia.

El peronismo parece ponerse de pie, otra vez, para pelear su batalla, esa que hasta hoy se negó a dar.

De pie, es un comienzo. Pero hace falta que ocupe el centro de la escena para cambiar, de una vez por todas, la discusión.

Y la realidad de un país en agonía.