domingo, noviembre 30, 2025

EL ANTIPERONISMO Y LA DISPERSIÓN PERONISTA

 

Por más vueltas que se le den al antiguo aforisma, la realidad sigue siendo la única verdad.

A más de medio siglo de la muerte del Gral. Perón, el peronismo continúa siendo la incógnita fundamental de la política argentina. Para peronistas y antiperonistas, la pregunta aún sin la imprescindible respuesta.

El último Gral. Perón dejó un claro y final legado: la etapa revolucionaria terminada, el justicialismo pasaba a su etapa institucional.  El partido, ya no un despreciable mero instrumento electoral, inferior en su trascendencia al movimientismo necesario para el triunfo de la revolución, debía convertirse en el muy republicano instrumento donde dirimir las diferencias y presentarse a las elecciones. La revolución había consistido en otorgar un enajenable poder político a los trabajadores. Cumplido su cometido, había terminado.

Los enemigos de esta revolución, sin embargo, no entendieron bien el mensaje republicano e institucional y el golpe militar del 76 reiteró la vieja práctica de desplazar al peronismo de su legítimo acceso al poder e intentar suprimirlo.

El antiperonismo, junto a esta táctica de represión y supresión, desarrolló a partir de la involuntaria concesión militar del regreso a la democracia, una nueva estrategia: si no se podía destruir al peronismo, se podía intentar reemplazarlo copiándole modos y estrategias (menos las fundamentales, las que justamente hacen a su incorruptible esencia) para conquistar a su público votante tradicional. Así, asistimos durante los años de democracia al Tercer movimiento histórico de Alfonsín, a ese particular antiperonismo interno del kircherismo—el más exitoso en su intento de aniquilación—y al esfuerzo de Macri junto al radicalismo antes de reconocer tardíamente que debía aliarse al peronismo antes que destruirlo.

Durante los años de democracia, el Gral. Perón solo se vio obedecido tras el fracaso de Alfonsín: Carlos Menem disputó una republicana interna con Antonio Cafiero, la ganó, y gobernó durante dos períodos actualizando además la interpretación de la doctrina justicialista en un mundo globalizado en el que una nítida economía liberal era imprescindible para garantizar la producción y el trabajo. La década de los 90 fue la demostración de la verdadera renovación peronista, atenta siempre a sus tres banderas en un mundo   integrado donde soberanía implicaba la mejor alianza y en el que la independencia económica dependía del crecimiento y la justicia social de un nuevo ingenio para concretarse. Los nuevos instrumentos tal vez demoraron en reconocerse e implementarse y constituyen el debe a rectificarse en una nueva etapa de peronismo liberal.

La destrucción del peronismo institucional por el kirchnerismo, que  el macrismo aprovechó antes de entregar otra vez el poder a este último para que completase su tarea destructiva, aún no terminó. El actual gobierno mira al kichnerismo del PJ y vuelve a intentar la estrategia sustitutiva, armando un partido libertario, con su propia doctrina, entrenamiento de cuadros y despliegue nacional, con la certeza de que al peronismo solo le falta el golpe del final. Una certeza que confunde al destructivo y parasitario kirchnerismo con el peronismo real.

Pero, ¿dónde está ese invisible peronismo real que, lejos de aparecer para sacarse de encima al letal kircherismo, no ha hecho presente institucionalmente? ¿Se extinguieron los vitales anticuerpos de antaño? Nadie puede decirlo con certeza.

Cátulo Castillo solía referirse al peronismo como un organizado cardumen detrás del pez líder. Hoy, el cardumen está desorganizado y disperso por la sencilla razón de que no hay líder. Y no hay líder porque aún no se ha comprendido institucionalmente la realidad fundamental que debe guiar al peronismo: no hay justicia social posible sin economía liberal.

Tampoco se aprovecha la verdad de la consecuencia de ese paradigma: una economía liberal sin la voluntad explícita de justicia social jamás logrará la grandeza de la Nación y mucho menos la felicidad de su pueblo.

La columna vertebral del justicialismo sigue intacta y, más aún, ha sido recientemente renovada con nuevas autoridades en la CGT. La dispersión de dirigentes peronistas en gobernaciones, intendencias y centros de estudios se suma a una dispersión no menos notable dentro de muchas estructuras partidarias—incluyendo la del oficialismo—estructuras que sirvieron de refugio temporario durante la usurpación kirchnerista.

La dispersión no quita identidad: el potencial cardumen sigue allí, en el tormentoso y, para algunos, incomprensible mar político.

El antiperonismo seguirá esforzándose sin ver lo esencial.

Mientras, el peronismo de la libertad económica unida a la justicia social espera su voz.

 

viernes, octubre 31, 2025

NUEVO ESCENARIO, NUEVOS PROYECTOS

 

Tras la amenaza del Presidente de los Estados Unidos de suspender la imprescindible ayuda financiera a la Argentina si el actual gobierno no ganaba, una considerable mayoría de prudentes argentinos optó por confirmar el rumbo y dar el voto al gobierno, a pesar de las malas decisiones que, justamente, lo llevaron a endeudarse y a postergar el crecimiento. El resultado electoral no fue, por cierto, como algunos quisieran creer, un premio a la gestión. Pero sí una confirmación del rumbo. Esto es lo que verdaderamente determina el nuevo escenario y el posible éxito de todo nuevo proyecto.

 

El actual gobierno y su partido están hoy, más que nunca, no solo dirigido sino también poblado en el Poder Legislativo de desconocidos sin experiencia. Las varias probadas figuras del PRO que los acompañan lucen mejor pero no alcanzan. El gobierno seguirá con lo que entiende como un exitoso plan anarco-capitalista que no admite retoques y se verá cómo avanza el diálogo con los gobernadores y la oposición.


El pobre desempeño del centro liberal, en especial de Provincias Unidas y Potenciar, con López Murphy, requiere otra mirada. ¿Es posible agrupar radicales y peronistas tal como lo intentó en su última etapa Mauricio Macri y ofrecer una alternativa moderada de liberalismo para 2027? ¿Volverá el PRO a esta coalición, en una posible PASO, y abandonando definitivamente al gobierno?


Cualquier nuevo proyecto debería tener en cuenta la historia subterránea que sigue corriendo por debajo del desorden de los espacios políticos.


Se trata, nada más y nada menos, de la irresuelta batalla entre peronismo y anti-peronismo, En su inicio y por largo tiempo, el peronismo fue el partido revolucionario pro-trabajadores y anti capital externo y el radicalismo, su natural opositor republicano, con mayor simpatía por el capital externo pero ambos sin real interés o capacidad para crear una economía de libre mercado, imprescindible, tanto ayer como hoy, para crear prosperidad y progreso.


En el pasado, cuando ni el peronismo ni el radicalismo daban en la tecla, aparecía un tercer partido, el militar, pretendiendo mejorar la economía, con recetas varias, en general, liberales. Cuando muchos se siguen preguntando acerca de la inesperada irrupción de Milei en el escenario político, tal vez la mejor respuesta sea que, en tiempos de irreversible democracia, hacía falta un tercer partido para sustituir al militar y arreglar lo que el radicalismo y el peronismo no pudieron solucionar. No se trata de la “casta” sino de la falta de un liderazgo adecuado en ambos partidos tradicionales.


El PRO con su primera alianza con parte del radicalismo, fue una variante liberal y en su segunda alianza  expresó una novedad que tampoco funcionó, la fusión de las alas liberales del radicalismo y el peronismo. Hoy, el centro liberal de Provincias Unidas y otros pretende renovar esta estrategia. Una estrategia que soslaya el problema de fondo: la falta de progreso y cohesión política de los dos grandes partidos nacionales, resistentes a la adopción definitva de una política económica de libre mercado. El viejo dilema arrastrado desde el pasado remoto de ambos partidos y que el franco liberalismo de un Menem o un de la Rua no pudieron resolver en forma definitiva. Ese es el drama que continúa hoy por debajo de la dispersión. El drama que es, en definitiva, el sostén del actual gobierno, ese dudoso y quizá efímero tercer partido que encontró el éxito pescando en aguas revueltas.


Por lo tanto, la solución definitiva de la Argentina no pasa, por cierto, por las oportunas intervenciones financieras de los Estados Unidos ni por terceros partidos—militares o democráticos—montados sobre un desorden político de la base tradicional sino por un ordenamiento de los dos grandes partidos, con una aceptación plena de las reglas de una economía de libre mercado, que incluyen una moneda sana y ausencia de déficit fiscal.


El radicalismo sigue con dos alas, una hoy afín al gobierno, la otra afín a Provincias Unidas. Para la grandeza del partido radical, cuyas dos alas aceptan hoy una economía moderna, esta fricción debería dirimirse en una interna que, poniendo a la Argentina y al partido por encima de los dirigentes, solucionase para siempre el modo de resolver el conflicto, manteniendo la integridad partidaria.


El caso del peronismo es diferente, ya que las internas han sido suspendidas por el kichnerismo, secuestrador del PJ, enemigo del capitalismo externo o interno. Simpatizante de Cuba, Venezuela, Irán, Rusia y China,  el kirchnersimo poco tiene que ver con el peronismo, en particular, con el peronismo post-Menem, que en su alianza con Cavallo, modernizó no solo la Argentina sino los mismos fundamentos del peronismo. En la globalización que coincidió con sus dos mandatos, una economía liberal de mercado era no solo recomendable sino imprescindible para sobrevivir en el mundo. Hoy, para el peronismo, esta opción sigue vigente para quien se anime a reclamarla, hacerla suya y llevar no solo al peronismo a una posible victoria sino a dar a la Argentina la absoluta garantía de no regresar al fracasado estatismo izquierdista. ¿Quién liderará esta batalla final contra el debilitado kichnerismo promoviendo un peronismo liberal?


Un dato alienta esta posibilidad: la cabal comprensión de una Cristina Kirchner presa de que su libertad solo será conseguida por el indulto de un presidente que gane y que ningún candidato peronista ganará si no expresa a la mayoría de los argentinos, hoy ejemplarmente identificada con un rumbo liberal. 

lunes, septiembre 29, 2025

EL CENTRO LIBERAL: UN SEGURO CONTRA INCENDIO

 

 Ningún salvataje puede corregir lo que la mayoría de los argentinos ya descubrió: la falta de talento de la actual administración para gestionar la economía integral y su obcecación en un solo aspecto de esta; la meritoria baja de la inflación que contrasta con la pobre performance de la economía productiva en los sectores más generadores de trabajo y divisas; y privilegiar un narcisístico proyecto de gloria personal para intentar ganar elecciones, demorando las medidas necesarias para un régimen monetario sólido y confiable.

 El engaño terminó.  Las inmensas fallas de una gestión política, encomendada a una persona con total poder y sin ninguna experiencia, y las falencias de un presidente más preocupado por sí mismo que por los demás mantienen así a la Argentina al borde de un incendio. No hay dólares que salven la incompetencia. Más aún, pueden aumentarla.

Sin embargo, la flecha general del actual proyecto de gobierno que apunta hacia una economía de mercado estable, continúa siendo la aspiración de esa misma mayoría que no quiere un regreso al empobrecedor pasado estatista.

Ni lo uno ni lo otro: la mayoría quiere un camino sensato hacia la total reducción de la inflación con una gestión hábil y profesional que atienda, sobre todo, las necesidades productivas y las de un mínimo bienestar de la población. O sea, el proyecto sí, los actores actuales no. Y aquí es donde Provincias Unidas y el variopinto conjunto de partidos y alianzas del centro liberal adquiere una importante relevancia para las próximas elecciones nacionales de diputados y senadores. La misión de este conjunto es preservar el rumbo y apuntalar o corregir la gestión actual a la vez que dar un seguro de continuidad con gestores probados, profesionales y competentes.

Provincias Unidas aporta gobernadores expertos, en funciones o con probado éxito en el pasado como Juan Schiaretti, y, por lo tanto, crea, además, una calificada lista de aspirantes para las elecciones presidenciales de 2027, a la que se suman los importantes representantes de los demás partidos de centro. No se puede sustituir sin daños conexos a la actual administración pero se puede construir un congreso con mayorías sólidas que la controlen. Los nuevos diputados y senadores del centro liberal—incluyendo a los del PRO que fatalmente deberán retroceder en su alianza actual y volver a su correcto lugar del centro—contribuirán además a frenar a ese kirchnerismo que, a pesar de su debilitamiento popular, muchos inversores aún perciben como una amenaza.

 En las últimas elecciones en la Provincia de Buenos Aires amplias mayorías castigaron al gobierno votando irracionalmente al kirchnerismo, por falta de confianza en la opción del centro liberal, o se negaron a ir a votar por no considerar esta opción que soluciona el dilema de conservar el rumbo pero no a costa de una mala gestión o del regreso a un pasado deplorable.

 Esta vez, en octubre y en toda la Nación, las elecciones pueden marcar un nuevo punto de inflexión, con el voto lúcido y valiente de esa gran mayoría de argentinos que entienden que la Argentina tiene dirigentes igualmente lúcidos y valientes, capaces de representarlos en el total de sus aspiraciones.

domingo, agosto 31, 2025

EL CENTRO LIBERAL Y EL REGRESO DEL PERONISMO LEAL

 


Una de las picardías menos mencionadas de Milei, cuando desde sectores antiperonistas se lo acusa de acarrear supuestos defectos peronistas—autoritarismo, verticalismo, populismo—es la de haber registrado el inmenso vacío de conducción dejado por el peronismo leal a la doctrina peronista frente al arrasador y omnipotente kirchnerismo. Haciendo suya la herencia de Menem-Cavallo, no disputada por ningún peronista, se alzó con los votos suplementarios a los del PRO y llegó a la presidencia. Podría haberle ganado Massa, si este se hubiera animado a aggiornar al kirchnerismo y reivindicar una herencia que, con mucho más derecho, era suya.

Ahora que al actual gobierno, que hace rato renunció a cualquier herencia peronista vociferando contra la justicia social, se le puede achacar el otro tradicional defecto del peronismo, revivificado y magnificado por el kirchnerismo, la corrupción, conviene repasar qué es el peronismo leal. En las antípodas del kirchnerismo, expresa un peronismo genuino, no corrupto, que puede ayudar a lograr una verdadera transformación nacional.

El peronismo leal es, como siempre, el peronismo que brega por la justicia social. Opuesto a cierto peronismo ortodoxo propulsor de una continuidad estricta con las políticas del primer peronismo y al kirchnerismo—una versión socialista que poco tiene que ver con la doctrina peronista—el peronismo leal se esforzó por adaptar a esta a la nueva realidad económica global con nuevos instrumentos. Carlos Menem lo comprendió bien, y la economía liberal que implementó Cavallo quedó incorporada a la doctrina para permitir un real crecimiento y modernización.

Faltaron nuevos instrumentos para asegurar una completa justicia social y lograr un real federalismo, pero, otros prestigiosos y leales dirigentes como José Manuel de la Sota, continuaron la reflexión sobre la doctrina y ayudaron a modernizarla. Hoy el peronismo leal, además de sostener la necesidad de una economía liberal, propone un seguro sindical de desempleo, una reforma laboral que permita que todos los trabajadores hoy informales, puedan acceder a sus derechos sin perjudicar el desenvolvimiento de las empresas, y una reforma fiscal que dé una genuina autonomía y responsabilidad a las provincias para permitir el máximo desarrollo nacional.

Finalmente, el peronismo leal, tras la enormidad de la corrupción kirchnerista que manchó su nombre, tiene la obligación de defender la transparencia y el rechazo absoluto a la financiación de la política a través de coimas recibidas por proveedores del Estado. Mientras la práctica corrupta continúa, el peronismo leal tiene en claro que, fuera de la codicia personal, ya nada justifica que la política se financie con sobornos cuando hoy podría hacerlo con donaciones privadas—personales o empresariales—al partido, fundación u organización de su preferencia. Cuando el peronismo estaba proscripto y no había otra forma de financiarse, el uso del Estado o de los sindicatos era el único recurso: una ilegalidad generaba otra ilegalidad. Hoy la libertad política es absoluta y la práctica corrupta es solo el camino corto a la fortuna personal.

El movimiento Provincias Unidas, encabezado por el exgobernador Schiaretti, un ejemplo de peronismo moderno y leal a la doctrina, y otros gobernadores, junto a otras fuerzas de centro liberales, como Somos Buenos Aires, opuestas a muchas de las prácticas de este gobierno, constituye hoy un refugio seguro para el votante peronista leal.

El peronismo leal es el que está tan opuesto al mileísmo como al kirchnerismo.  

El que en un futuro cercano, antes de las próximas elecciones presidenciales de 2027, deberá recuperar el instrumento electoral perdido a manos del kirchnerismo, el hoy maltratado y usurpado PJ.

El que deberá, por fin, concluir la etapa institucional anunciada por el General Perón antes de su muerte, con un Partido Justicialista totalmente institucionalizado que permita la permanente actualización de instrumentos de gestión para una efectiva justicia social y grandeza de la Nación, y la emergencia automática y meritoria de los dirigentes más dotados y representativos.

Cumplida esta etapa, los argentinos no peronistas no deberán temer nunca más al peronismo y, por el contrario, podrán contarlo como uno de los pilares más sólidos del sistema político.

 

 

 

 

jueves, julio 31, 2025

EL CRECIMIENTO DEL CENTRO LIBERAL

Hace unos pocos meses, nadie creía en el centro liberal y se comparaba equivocadamente su aparente imposible viabilidad con la fallida avenida del medio.


Hoy, antes las falencias poco tolerables y sin ánimo de ser corregidas del gobierno y la obcecación del kirchnerismo en políticas económicas erradas, el centro liberal ha florecido en una multitud de opciones, tanto en el plano nacional como en el de la Provincia de buenos Aires. A pesar del poco convencido acomodamiento y sumisión de Mauricio Macri al pedido de alianza del gobierno, muchos dirigentes e intendentes del PRO se han unido a las diferentes variantes del centro liberal—los gobernadores del Grito Federal, Somos Buenos Aires, Hechos y Unión Liberal—para conformar el germen de una nueva fuerza donde conviven muchos peronistas, radicales, socialistas y otros.


 Esta nueva fuerza tiene la particularidad de aunar de modo mucho mas equitativo que en Juntos por el Cambiio, amplios sectores liberales del peronismo y el radicalismo que, junto a los demás integrantes de la fuerza, aseguran una doble certeza. No solo apoyan las iniciativas del gobierno en pos de una macroeconomía sana y una adecuada economía de mercado sino que abogan además por políticas sociales justas, una educación universal y la continuidad de la obra púbica. Representan así una mejor y más equilibrada promesa de modernidad. Una promesa que representa mejor a las grandes mayorías argentinas, hoy tironeadas por los proyectos extremistas del gobierno y el kirchnerismo y sin una representación cabal de lo que realmente precisan esas mayorías.


La nueva fuerza también aflora como un semillero de nuevos dirigentes, que junto a los experimentados Schiaretti y Macri, pueden ofrecer una dirigencia profesional y convincente a una demanda que hoy solo abastece por descarte el gobierno.


Como dijimos hace ya unos cuantos meses, la verdadera oposición al gobierno actual no es el alicaído y fallido kirchnerismo, sino el centro liberal que se erige como la más moderna síntesis representativa de la gran aspiración nacional hoy no satisfecha: una política liberal con justicia social.


lunes, junio 30, 2025

LA COMPOSICIÓN DEL CENTRO LIBERAL

 

Mientras algunos siguen obsesionados con la conformación de una única lista que contenga a los semejantes, muchos se han dado cuenta ya de la irrelevancia real de la discusión, basada solo en la necesidad de sostener el ego presidencial, del lado del gobierno, y de la ex presidenta Kirchner, del lado del sojuzgado peronismo.

En las próximas elecciones no se elige presidente.

Tampoco se elige gobernador.

Se eligen solo diputados y senadores provinciales y nacionales. Individuos que no están obligados a actuar como alfiles de un jefe u otro, sino que hoy, más que nunca, están obligados a salvaguardar su identidad real y su verdadera intención política profunda.

La Argentina hoy es un territorio político fértil para la emergencia de los mejores profesionales, de los más honestos y creíbles que puedan expresar a la gran mayoría de los argentinos. ¿Qué piden estos? Una economía decididamente encaminada hacia la libertad pero con destreza social. Cuando millones de argentinos han descendido hacia una irrepresentada clase pre-peronista, con trabajos marginales en el mejor de los casos, apenas educados  y sin beneficios de jubilación y salud, es evidente que hace falta un gobierno muy diferente del que tenemos.

Un gobierno que puje por una economía de libre mercado que asegure el máximo de inversiones y que, a la vez, retome con nuevos instrumentos lo mejor del peronismo para asegurar una rápida inserción en la comunidad productiva de los pobres sin educación ni trabajo. Ese es el gobierno al que aspira el centro liberal: ni anarco-capitalista ni kirchnerista.

Entre esos dos extremos de gobierno, incompletos o equivocados, los candidatos del centro liberal conforman una multifacética unidad que no precisa, por ahora, el nombre de una alianza. Precisa, en cambio, la lucha individual de cada uno de ellos por acceder a las bancas y poder así estructurar en el Congreso una genuina mayoría que vote las leyes que sirven simultáneamente al progreso armónico de la comunidad, tanto en la economía como en lo social. Los candidatos del centro liberal están unidos en una alianza secreta y no explícita, unidos por un temperamento y un ideario común.

Cuentan los individuos y cada partido se ocupará de ubicarlos en el mejor lugar, el de mayor influencia y visibilidad, con clara diferenciación de los extremos anarco-capitalistas con su grosero discurso, y del kirchnerismo resentido e improductivo. El mensaje del centro liberal llegará y llevará esperanza allí donde hoy falta.

Sigue siendo muy importante la figura de Mauricio Macri con su PRO intacto en su identificación con ese centro liberal moderado y educado, capaz de contener tanto al radicalismo como al peronismo liberal. Junto al ex presidente, muchos otros dirigentes del peronismo, el radicalismo, la Coalición cívica y demás partidos integrantes de la antigua coalición gestada por el PRO, pertenecientes a una nueva generación, serán los candidatos de una renovada clase de políticos profesionales.

Aunque en el ocaso, el kirchnerismo sigue dominando el peronismo, por lo tanto habrá que esperar hasta que el peronismo de nueva generación, liberalismo con justicia social, pueda recuperar sus banderas, su partido y hasta su nombre, hoy pisoteado por sus usurpadores. Cuando esta última renovación del espacio político nacional suceda, la Argentina quedará definitivamente instalada en el mundo como una nación moderna, insertada en una economía global de libre intercambio y con esa población de clase media con la que supo hacer la gran diferencia en América Latina. No habrá más riesgo de marcha atrás.

Mientras tanto, es el centro liberal el que tiene a su cargo tomar el próximo mando y mostrar que 2/3 de los argentinos ya no solo no volverán para atrás en la economía sino que avanzarán simultáneamente en el progreso social hasta llegar al soñado 3/3 de una nación moderna y sensata.

miércoles, mayo 28, 2025

PERDIDOS EN EL LLANO

 

Las elecciones porteñas cambiaron abruptamente el panorama político. No se trata solo de una actuación del PRO más pobre que lo previsto o de lo que se interpretó bastante prematuramente como una superioridad irreversible del actual presidente sobre Mauricio Macri, el único peso pesado de la política argentina capaz de conducir un proyecto liberal, semejante al del gobierno pero con el agregado de las formas tradicionales de conducción y el respeto a las instituciones.

Lo que las elecciones dejaron es, una vez más, la visión de una ausencia: la de una figura o un espacio político claramente expresivo de la mayoría. Un 47 % de porteños no fue a votar, lo cual minimiza ese 30% del gobierno, presentado como victoria, cuando apenas expresa un 16 % de la voluntad general.

Muy lejos de lo que hoy se quiere vender como verdad, el gobierno cuenta con muy poco. Ni siquiera con lo que sí es cierto, una aprobación masiva de la población por la decisión de buscar una moneda sana, terminando con la inflación. Esta unanimidad era previa a la asunción del gobierno: TODOS los candidatos, Rodríguez Larreta, Bullrich y el mismo Massa (que había anticipado que iba a sorprender con un ministro liberal) iban por un idéntico camino de saneamiento y libertad económica (recordar que el mejor programa, muy superior al actual en su profesionalismo, era el de la Fundación Mediterránea y Melconian).

Hoy en el llano, todas las figuras de ese centro liberal opuesto a los extremismos del actual gobierno y del funesto kirchnerismo, se unen a ese 47% disconforme con todos pero, especialmente, con un gobierno al que solo aprueba en su lucha contra la inflación. En el llano, la ausencia de un liderazgo liberal comprometido con todos sus valores y no solo con uno de los elementos de la economía.

Así, puede leerse como oportunista y circunstancial la alianza del PRO con el gobierno en las próximas elecciones en la Provincia de Buenos Aires. No se elige gobernador. Sólo diputados provinciales y, por lo tanto, ni siquiera haría falta integrar ambos bandos  en un frente o en una lista común, cuando con sumarlos después de las elecciones bastaría para saber cuántos son los que apoyan ideas liberales en contra del kirchnerismo. La suma ganaría siempre a este pero la separación daría un principio de esperanza a todos aquellos que, compartiendo las ideas liberales, no estén de acuerdo con mucho del actual gobierno.

Hay que ver cómo se planta finalmente Mauricio Macri frente al dilema de resistir y conducir o darse absurdamente por vencido ante un enemigo claramente inferior en su representatividad real y profunda. No sólo él: ¿qué hará el peronismo liberal frente a la negación sistemática del gobierno de la justicia social y con quién se expresaran los múltiples dirigentes del centro liberal, desde los radicales hasta Monzó o la Coalición Cívica?

La trampa en la que cayeron las clases más acomodadas de la Ciudad de Buenos Aires, apoyando al gobierno en una inexistente batalla nacional, en vez de apoyar a su probado y exitoso gobierno local del profesionalismo PRO, es también una muestra de la superficialidad, falta de educación política y, como tantas veces, auto-sabotaje, por cobardía o comodidad.

 ¿Hay que volver a recordar la mayoría que votó en 2019 a Alberto Fernández prefiriéndolo a un segundo mandato de Mauricio Macri? Y no, no fue el kichnerismo el que creó la mayoría.

lunes, abril 28, 2025

EL PERONISMO LIBERAL Y EL PRO

En las próximas elecciones porteñas, el peronismo liberal es el gran ausente.

Incapaz durante dos décadas para rescatar el PJ de las manos del kirchnerismo, refugiado en Juntos por el Cambio, ilusionado vagamente con Milei y pronto decepcionado ante un proyecto sin conexión con la justicia social y con modales revolucionarios atrasados, ya que la revolución liberal fue hecha por Menem y Cavallo hace tres décadas, el peronismo liberal permanece ahora paralizado al haber perdido la oportunidad de rescatar esa revolución propia y haber permitido que Milei arrebatase su discurso.

Hoy se abre, sin embargo, un espacio para terminar con esa invisibilidad y comenzar a recorrer el camino que nunca se debió haber abandonado. Cuando Miguel Ángel Pichetto integró la candidatura presidencial junto a Mauricio Macri se sentó un importante precedente. Si bien la fórmula presidencial no alcanzó a ganar, dejó en claro que el PRO debía, si realmente quería constituir una amplísima mayoría, incluir a ese peronismo sin hogar pero intensamente afín a la propuesta republicana y liberal y con una ventaja: el acceso emocional y doctrinario a los trabajadores y a los informales y desocupados con voluntad de trabajar y ascender.

Hoy, con el rumbo económico liberal aceptado por una amplísima mayoría y ya encaminado por el actual gobierno, se precisa una alianza de centro liberal que una todos los fragmentos dispersos de los diversos liberalismos en un proyecto liberal calmo, sin estridencias y con modales ejemplares—en lo personal e institucional—para poder dar a esa hoy inmensa mayoría de pobres sin educación ni trabajo, un primer horizonte de esperanza junto a un modelo de referencia que los incluya explícitamente.

El gobierno actual puede proveer un camino fiscal virtuoso y quizá una inflación baja con una moneda estable pero poco más. Ese es su rol a cumplir en los dos años y medio de gestión que le quedan. La inversión privada solo aumentará si el proyecto de país incluye calidad institucional y humana. El personalísimo proyecto de poder de Milei y el modelo anarco-capitalista de poco sirven a la hora de recuperar lo perdido: la inmensa clase media de trabajadores educados, la que Perón supo construir en menos de diez años y que sobrevivió a todo, menos a la destrucción sistemática del kirchnerismo.

El PRO, el radicalismo, el peronismo liberal y el resto del centro liberal tienen así hoy la oportunidad de ir construyendo una nueva gran alianza que una el liberalismo tradicional y los partidos populares, con una clara vocación de rescate inteligente de lo que supo hacer de la Argentina un país líder en América Latina.También un país digno de estar en el G-20, donde se llegó, hay que recordarlo una y otra vez, gracias a Cavallo y Menem.

En estas próximas elecciones porteñas, el peronismo liberal puede y debe hacerse visible una vez más junto a Mauricio Macri y el PRO, a título testimonial y para ir construyendo las bases de una nueva alianza formal.

Es importante apoyar a quien hoy lidera la fuerza más sobresaliente del centro liberal y a sus candidatos para comenzar esa reconstrucción con los suficientes votos.

Marcar ese espacio de centro liberal con la figura presidencial con más prestigio y trayectoria para superar al hoy discutible por insuficiente proyecto del gobierno actual. Prepararse para reunir la nueva camada de dirigentes del centro liberal y organizar los cuadros para una efectiva y eficiente reconstrucción de la Argentina.

El peronismo liberal tiene aún su lugar en la historia. La comunidad desorganizada lo espera. ¿Y qué mejor momento para comenzar a organizarla que este, apoyando y reuniendo a los líderes afines con un objetivo común?

sábado, marzo 29, 2025

EL REGRESO DEL PRO

 

Las elecciones provinciales comienzan en abril y en el fragmentado escenario del Centro Liberal asoma un esperado regreso: el de Mauricio Macri dispuesto a recuperar a su golpeado partido y llevarlo otra vez a la victoria. Con un liderazgo claro en el amplio espacio del Centro Liberal, no solo pone fin a las especulaciones acerca de una fusión con el escuálido nuevo partido de Milei sino que ocupa el lugar que jamás debió haber perdido. El de legítimo conductor de una corriente liberal clásica y republicana y generoso promotor de una multitud de líderes que aspiran a sucederlo.

 

No está solo.

 

Junto a él, importantes figuras que jamás negaron su conducción y, al costado, los rebeldes que, con el tiempo, volverán inevitablemente a ser socios o aliados. En los resultados electorales, hay que sumarlos.

 

Enfrente, Milei, que hoy ocupa la presidencia gracias al apoyo electoral del Pro: la prolija y contundente trayectoria política de Mauricio Macri solo se prestó, no se regaló.

 

En el medio: los votantes, sometidos a elegir no entre Milei y Cristina, sino entre Milei y Macri. Ya no se discuten ni el camino argentino ni la política económica liberal, sino quién es el mejor conductor y mejor ejecutivo profesional, proponiendo candidatos aptos para su cargo.

 

Los votantes porteños, por ejemplo, no tendrán que elegir entre las promocionadas dos fatalidades del anarco-capitalismo o el kirchnerismo sino que puede volver a su tradición más querida de un liberalismo clásico. El tercero en cuestión, Mauricio Macri, apuesta con su regreso a liderar ese espacio. En la Ciudad de Buenos Aires, sus muy profesionales y experimentados candidatos son su carta.

 

A su alrededor, en ese mismo centro, los fragmentos de lo que supo reunir en el pasado y lo que aspira a volver a reunir en las diversas legislaturas y el  Congreso de la Nación. El Pro es la punta de lanza, una vez más, del proyecto del Centro Liberal y el propulsor, con su ejemplo, para la pléyade de dirigentes centristas y liberales que aspiran a imponerse por sobre los facciosos e improvisados mileístas.  

 

En los últimos años hubo dos errores importantes. El primero, cometido por la voluble franja independiente de votantes al preferir a Alberto Fernández por encima de Mauricio Macri, cayendo así en la trampa de Cristina Kirchner. Y el  segundo, cometido por Horacio Rodríguez Larreta, arrastrando al Pro al abismo al equivocar su tiempo y desafiar a un Mauricio Macri que debería haber seguido al frente de su partido, sin internas y como candidato presidencial.

 

Como finalmente se comprobó, la gran mayoría de argentinos iba a terminar prefiriendo una Argentina liberal. Y fue tristemente obligada a elegir a un novato extravagante y sin experiencia, solo por falta de una genuina opción liberal clásica.

 

Por esa falta, Mauricio Macri se ha constituido hoy en la figura más importante del espacio político nacional: expresa la oportunidad perdida por error político, no por destino. Entre un Milei cuyas deficiencias para el cargo que ocupa y una Cristina Kirchner en caída libre, él, como ex Gobernador de la Ciudad y como ex Presidente de la Nación, es quién tiene los títulos y el poder para reafirmar el rumbo y señalar el mejor camino político.

 

En este tiempo espiritual de toma de conciencia y reparación de errores, el largo año electoral será un año de clarificación.  La oportunidad de, poco a poco, volver a tener un gobierno adulto, sensato y altamente profesional y la certeza de que es posible construir colectivamente un proyecto que abarque las más queridas tradiciones políticas argentinas, sin inventar nuevas y disparatadas divisiones.

domingo, marzo 09, 2025

EL PODER DEL CENTRO LIBERAL

 


El año electoral ya comenzó y, en apenas un par de meses, veremos los resultados de las primeras elecciones provinciales. Sí, lo que importa es mantener el rumbo liberal de la Argentina, no solo bajando la aún muy alta inflación, sino asegurando las bases de una economía productiva y obligatoriamente exportadora.  En medio de los escándalos atribuibles a la escasa formación política profesional de los actuales improvisados gobernantes, el centro liberal aparece como la única posible garantía de continuidad y profundización adecuada del rumbo hacia una economía abierta y exitosa.

 

El actual gobierno no es el dueño de este tan deseado destino para la Argentina. Antes que él, el peronismo liberal de los seguidores de Menem y Cavallo, el radicalismo liberal de los seguidores de de la Rúa y el liberalismo independiente de Macri, hicieron historia marcando con la misma claridad este rumbo. Hoy, son estos espacios lo que convergen en el centro liberal bajo las figuras de, por ejemplo, Schiaretti, Pichetto, los dos Macri y Monzó, por mencionar solo a los más destacados,  tan dispuestos a apoyar las medidas correctas de este gobierno hacia el rumbo común como para oponerse a las que no contribuyen a este.

 

Es en este sentido que el centro liberal se manifiesta como la mejor garantía del aún no ejecutado programa liberal que traerá la prosperidad a los argentinos. Sin mezclarse con el actual gobierno, como erradamente eligieron otros dirigentes más oportunistas que patriotas, los dirigentes del centro liberal son tanto el seguro para mantenerse en el rumbo correcto como la garantía de continuidad ante cualquier desastre institucional.

 

Ni destituyente ni sumiso, optimista acerca del destino argentino, el centro liberal tiene todo el potencial que los argentinos lúcidos quieran darle en las próximas elecciones que no son presidenciales sino que, justamente, renuevan y consolidan el poder legislativo. El centro liberal  representará a los argentinos y a las provincias y reafirmará así un rumbo que no debe quedar solo en las hoy peligrosas manos de un ejecutivo poco profesional, preocupado por objetivos personales y no por el bien de la Argentina.

 

Al comenzar las campañas, se oirán las voces de todos los dirigentes de este espacio y todas, cada una a su manera, expresarán lo mismo: la certeza de que los argentinos no están solos, que el gobierno no es el único dueño del rumbo liberal y que, por el contrario, los muchos y consistentes representantes históricos y profesionales de este rumbo son los que pueden asegurar su adecuada continuidad.


 Las próximas elecciones no expresarán la lucha entre el mileismo y el kirchnerismo. El kirchnerismo es la negación del rumbo liberal y, por cierto, los argentinos ya comprendieron esto y ahora van por más: la consolidación de este rumbo en manos profesionales, evitando esta vez los improvisados.  

 

Las próximas elecciones expresarán más bien una nueva instancia: la competencia entre el mileismo y el centro liberal, una competencia política y profesional para ver quién, en realidad, puede gobernar con más acierto y transformar de verdad a una Argentina hoy todavía demasiado parecida al pasado.

sábado, enero 25, 2025

LA CONDUCCIÓN SIMBÓLICA DEL CENTRO LIBERAL

 

Más que nunca, cuando el mundo tiene puestos los ojos en la Argentina y en su cambio de paradigma económico, es necesario completar el panorama político no con la oposición extrema del kirchnerismo anti-liberal, sino con una oposición liberal clásica y sin inoportunas desviaciones ideológicas hacia la derecha. El centro liberal reasegura el camino económico elegido y es, además, condición de su mejora.

 

Como la próxima elección es de senadores y diputados, no es necesario pensar en una figura presidencial que compita con el actual presidente pero sí en una conducción simbólica del espacio del centro liberal. Los candidatos son varios y muy valiosos, tanto liberales como radicales y peronistas liberales. Entre ellos, descuella naturalmente Mauricio Macri, como ex presidente, como personalidad mundial ampliamente respetada y como alguien claramente definido en su posición liberal en la economía, la cultura y las instituciones, y en su impecable manejo de la política internacional. Sin necesidad de armar una nueva coalición y sin importar demasiado la actual dimensión del PRO, Mauricio Macri puede ser el primus inter pares del espacio de centro liberal y llevar la voz cantante de un ideario común.

 

Más que forjar una alianza con Milei y quedar atrapado en las malas decisiones, los discursos inadecuados que no representan el sentir de la mayoría de los argentinos y los disensos con fundamento en algunos temas económicos o de política exterior, Mauricio Macri puede servir mejor a los argentinos ayudando al gobierno desde el Congreso. Junto a otros miembros del espacio centro liberal elegidos como senadores o diputados, podrá asegurar y mejorar el rumbo económico cuando corresponda pero también funcionar como reaseguro de la continuidad de una política liberal bajo cualquier circunstancia. El espacio centro liberal potenciado es la garantía de que la Argentina mantendrá su rumbo actual, no destruyéndolo sino apuntalándolo y perfeccionándolo. Una garantía contra todo riesgo para los inversores internacionales.

 

La conducción simbólica del espacio de centro liberal puede traer una bocanada de aire fresco en el ámbito de la política, recordando a los argentinos que quienes los representan deben representarlos bien, dentro y fuera de la Argentina. La mayoría de los dirigentes del centro liberal e incluso, tal vez, la totalidad son consumados profesionales de la política, con ideas liberales en todos los ámbitos y una idéntica y clásica política liberal en la economía y las relaciones internacionales. Una política mucho más semejante a la política profesionalizada y eficaz que conoció la Argentina de los años 90 con Menem y Cavallo, que la expresada por el gobierno actual que se auto-adjudica erróneamente el continuarla cuando, tras un impulso inicial, no hace más que contradecirla.

  

No existe una batalla cultural en el pueblo argentino que no sea la que ya ganó el liberalismo frente al kirchnerismo. El gobierno actual puede instalar falsas batallas para distraer o llamar la atención en las redes y en el aburrido periodismo veraniego, pero los argentinos le responderán con su indiferencia.

 

Si batalla hay, es solo por la interpretación cabal de qué significa ser liberal y cómo el liberalismo no está reñido con la justicia social, ni con el respeto institucional, ni con la libertad de la prensa y de las personas.

 

Tampoco está reñido con las buenas formas que muestran que los argentinos somos un pueblo educado, atento a cómo lucimos ante el mundo pero sin dejarnos engañar por el falso brillo del sensacionalismo.

 

Y somos, además, simpáticos y solidarios y, espontáneamente, más interesados en hacer amigos que enemigos.

sábado, diciembre 21, 2024

EL SILENCIOSO DESPLIEGUE DEL CENTRO LIBERAL

 

Atrapados en la falsa disyuntiva anarco-capitalismo o kirchnerismo, muchos periodistas y una parte de la opinión pública continúan escépticos: no pueden ver ni creer en el potencial del centro liberal.

 

Sin embargo, este centro ya se está desplegando silenciosamente, despojado de ambiciones de coalición ya que, para las próximas elecciones de 2025 donde solo se eligen diputados y senadores, cada integrante de ese espacio simbólico puede presentar a sus candidatos separadamente.

 

Es importante recordar qué une a los integrantes de ese espacio, ya provengan del PRO, del Peronismo, del Radicalismo, de la Coalición Cívica o de otros partidos. Más allá de sus orígenes y diferencias, están unidos por una convicción republicana y una creencia innegociable en una economía de libre mercado. Todos, en mayor o menor medida, lejos de denostar al Estado como la expresión del poder comunitario en la gestión de los bienes y servicios públicos, coinciden en la necesidad de hacerlo más eficiente y más eficaz en la promoción de todos los argentinos.

 

Los recientes movimientos de Mauricio Macri para resignificar, con toda justicia, un PRO disminuido por la reciente batalla electoral pero con una trayectoria potente que lo coloca en la primera línea del espacio de centro liberal. También, de idéntico modo, Juan Schiaretti refunda su peronismo liberal en “Hacemos”, con Florencio Randazzo al frente. Por su parte, Miguel Ángel Pichetto sigue cercano al PRO con su propia formación peronista. La Coalición Cívica de Elisa Carrió está igualmente activa. El radicalismo en la gran mayoría de sus principales dirigentes, también forma parte de este espacio.

 

Si bien no hace falta una coalición formal, hace falta nombrar correctamente el espacio que los une: espacio centro liberal, tan opuesto al anarco-capitalismo (y a las inventadas batallas culturales que lo avergonzarían) como al izquierdismo kirchnerista, corrupto e incapaz para gobernar.

 

Hace falta, además, que sus diferentes dirigentes nombren pública y frecuentemente a ese espacio de centro liberal simbólico, para que los ciudadanos registren que no se trata de una oposición anti-liberal al presente gobierno, sino de una oposición liberal superadora, profesional y más de acuerdo con el sentir tradicional de los argentinos y su muy asentada noción de comunidad. De comunidad unida, una comunidad  hoy quebrada por los intentos divisionistas de políticos ambiciosos o sin experiencia.

 

El hoy silencioso espacio liberal, pasadas las fiestas, comenzará a expresarse en sus múltiples y valiosas voces y los argentinos recobraremos nuestro sentido de pertenencia a las mejores tradiciones políticas, ya sea del liberalismo, del radicalismo, del peronismo o del socialismo de libre mercado.

 

También recuperaremos la calma de saber que es posible una nación con diferentes partidos unidos en una causa nacional común aunque con diferentes líderes compitiendo y discutiendo las mejores soluciones.

 

Y, finalmente, por ejercicio libre democrático, sin la coacción del poder estatal o privado pagado con fondos estatales, encontraremos más tarde, en las presidenciales de 2027, no por desesperado descarte como en las elecciones 2023, sino por lúcida elección personal, al líder que mejor nos represente, el que más se nos parezca, en los deseos y en las formas.

 ¡Feliz 2025!

sábado, noviembre 30, 2024

MACRI, SCHIARETTI Y EL CENTRO LIBERAL

 

A pesar del revuelo, lo importante no es si Cristina Kirchner es proscrita o no sino comenzar a percibir al inmenso potencial del centro liberal para salir de la trampa entre el anarco-capitalismo y el kirchnerismo.

 

Cuando al kirchnerismo se le oponía el liberalismo, era fácil decir que los líderes y partidos de centro no tendrían la menor suerte electoral ni podrían construir la, en aquel entonces, llamada avenida del medio. La ciudadanía quería una economía liberal que terminase con la inflación. Se trataba de liberalismo o kirchnerismo.

 

Ganó Milei, pero no ganó el liberalismo, sólo una parte de este, la parte que expresa la fortaleza presente del gobierno en su lucha contra la inflación. Lejos de expresar a un liberalismo viable a largo plazo, Milei deja de lado el imprescindible rol del Estado en muchas áreas, el cuidado de las formas institucionales y lo más visible, el descuido de los intereses reales de la Argentina en pos de un proyecto de crecimiento personal como referente global.

 

El lugar de un liberalismo clásico está vacío. No basta rascar la agenda y poblar el gobierno con personas de apellido Menem para repetir el acierto del gobierno Menem-Cavallo, no solo de un liberalismo clásico y respetuoso de las instituciones y de la prensa, sino además tan peronista como era necesario para aumentar la producción y el trabajo.

 

Hoy hay que prestar atención a ese nuevo centro liberal, más amplio que el del pasado, ya que contiene no solo a los liberales clásicos como Macri o López Murphy y los peronistas partidarios de una economía liberal como Schiaretti y Pichetto, sino a los radicales como Cornejo y  una multitud de gobernadores e intendentes, diputados y senadores que solo precisan un marco de acción común. Ese que, por otra parte, hoy ya se expresa inorgánicamente en el Congreso.

 

Mientras Milei sigue adelante con su proyecto personal y su hermana con la ilusión de un partido que reemplace al peronismo y Cristina Kirchner sigue tratando de flotar contra la corriente, hay que prestar muchísima atención a ese centro liberal que mal se confunde con la antigua avenida del medio.

 

Un personaje no menor en esta probable coalición es Mauricio Macri, que tiene en ese centro lo que parece un espacio especialmente diseñado para él para un merecido regreso estelar, con la ventaja de la lección aprendida del pasado: el peronismo es amigo, no enemigo.

 

Tan amigo que, en ese centro potencialmente convertido en la aspiración aún irresuelta de la gran mayoría de los argentinos—un gobierno profesional y competente, sin corrupción, con una economía liberal atenta a la producción y el trabajo y altamente institucionalizado— puede encontrar su marco de referencia para desalojar al kirchnerismo del usurpado PJ y regresar, por fin, al hogar natural.

sábado, noviembre 09, 2024

EL CENTRO LIBERAL ES LA VERDADERA OPOSICIÓN

 


 

¿Qué quería la mayoría del pueblo argentino en octubre de 2023? Una economía liberal y seguridad.

 

El enojo con los políticos, en particular los gobernantes recientes, era el enojo con la ignorancia acerca de cómo terminar con la inflación y la falta de coraje para imponer la ley y ofrecer mayor seguridad a los ciudadanos.

 

Sin una mayoría propia y gracias al apoyo final de Mauricio Macri, Javier Milei se alzó inesperadamente con la presidencia.

 

Más allá de la auto-percepción gloriosa como líder global del anarco-capitalismo que dice profesar y de sus modales abruptos y agresivos contra todo aquel o aquello que se le oponga y de su vocación por ocupar el centro de la escena política, cuya intensidad solo es compartida por Cristina Kirchner, queda pendiente confirmar cuán representados se sienten los argentinos por un presidente como él. Los aún débiles pero ciertos logros en la economía y en la seguridad parecen protegerlo por el momento de todo cuestionamiento pero, por debajo, se siente cada vez más una desconfianza ya no solo a los modales o capacidad de gestión, sino a la habilidad para conducir a una comunidad destruida por la pobreza, las malas decisiones, el atraso cultural e, incluso, la falta de salud.

 

El juego de opuestos entre este anarco-capitalismo, hasta hoy desconocido para los argentinos, y el familiar y fracasado kirchnerismo, convence a pocos.

 

Faltan en el escenario los dos partidos tradicionales tal como supieron ser, un radicalismo institucionalista y un peronismo expresando la producción y el trabajo.

 

Y falta también el liberalismo que quiso expresar Mauricio Macri, primero en alianza con solo el radicalismo y finalmente—demasiado tarde—también con el peronismo no kirchnerista.

 

O sea, es mucho lo que falta en el escenario político, mucho lo que se puede articular y hacer para conseguir una nueva coalición sensata, liberal e informada por las dos grandes tradiciones del radicalismo y el peronismo que, lejos de querer destruir al Estado, solo se proponen modernizarlo y mejorarlo para beneficio general.

 

No hay por qué resignarse a los muchos excesos destructivos de Milei que se pasan de la raya, y no solo verbalmente, y mucho menos creer que la única oposición es el kirchnerismo.

 

La oposición solo puede ser genuinamente liberal, abrazando no solo a los liberales tradicionales, sino al radicalismo liberal y al peronismo liberal.

 

¿Dónde estaríamos hoy si Mauricio Macri hubiese iniciado antes su alianza con el  peronismo liberal, recogiendo él mismo las banderas de Menem-Cavallo?

 

¿Dónde estaríamos hoy si, hecha esa alianza, Mauricio Macri se hubiese tenido más fe a pesar de las encuestas y conservado el liderazgo del PRO con mano firme?

 

¿Dónde estaríamos hoy si Horacio Rodríguez Larreta no hubiese equivocado su momento y hubiese respetado la supremacía natural del fundador del PRO sin obligar a este a combatirlo escudado tras la candidatura de Patricia Bullrich?

 

Estaríamos allí donde deberíamos estar: en un gobierno de centro liberal, respetuoso de las formas y la Constitución, y con el apoyo de una gran mayoría a una economía de libre mercado y una posición internacional occidental.

 

Y Milei sería el modesto aliado liberal, no la figura central de un experimento ideológico narcisista que no refleja las legítimas y profundas aspiraciones argentinas.

 

El triunfo de Trump en los Estados Unidos no incide en este problema estrictamente argentino a resolver y conviene no confundirse. La Argentina siempre será resultará simpática a los Estados Unidos si su economía es libre y sus alianzas internacionales, las correctas. Y, justamente, el centro liberal no discute esto.

 

Es la hora de abrir el espacio intelectual a la firme y convencida idea de que existe un amplio espacio de centro liberal, que por cierto no es la añeja y desprestigiada vía del medio entre el liberalismo y el kirchnerismo, sino la posible expresión institucional de una mayoría liberal de distintas procedencias identificada con las buenas formas y la Constitución.

 

Una mayoría unida en el deseo de contar con un gobierno de profesionales altamente calificados y con experiencia y en el apoyo a una economía de libre mercado y una pertenencia occidental.

 

También es hora de revalorizar la figura de Mauricio Macri y de los innumerables dirigentes y gobernadores radicales, del PRO y del peronismo que conviven en ese mismo espacio liberal sin que la ciudadanía los perciba aún como la fuerte y confiable unidad que son en realidad.

 

Y,  finalmente, también es hora de considerar con extrañeza a ese insólito triángulo de alambre que desvela a tanto periodista encandilado.

 

El poder real está, latente, en otra parte.  

domingo, marzo 31, 2024

LA RECONSTRUCCIÓN DEL PERONISMO

 

 

Cuando se echa la culpa al peronismo por la decadencia de las últimas dos décadas y media, se está absolutamente en lo cierto.

Pero no solo por la desdichada intervención de Duhalde terminando la convertibilidad con una injusta e improcedente pesificación asimétrica ni por la posterior usurpación del Partido Justicialista por el movimiento izquierdista del kirchnerismo, sino por la propia falencia del peronismo real en continuar con las banderas integracionistas y liberales de la década Menem-Cavallo. Un peronismo real culpable. El que una y otra vez, por falta de comprensión de la realidad nacional y global, abdicó frente al kirchnerismo, solo para lograr una y otra vez la derrota, en todas sus variables, fuesen Scioli, Macri-Pichetto o Massa.

En todos los casos faltó el coraje que un outsider, admirador de Menem y Cavallo, mostró para sintonizar, por fin, con una sociedad confundida que, al final de 2023, solo sabía que ya no quería más el kirchnerismo y que, urgente, ¡por favor!, clamaba por el regreso de una economía abierta. La perdida en 2001.

A los peronistas que hoy aún continúan confundidos, pensando que con ser anti-kirchneristas y regresar a la antigua doctrina sin actualización metodológica, será suficiente para, algún día, en el futuro, reconstruir el peronismo, todavía les falta entender qué pasó en la Argentina.

Los dos partidos tradicionales, el radicalismo y el peronismo, fueron traicionados por sus líderes enemigos del liberalismo económico en 2001 y, desde entonces, no pudieron recomponerse ni adaptarse a la nueva economía global. El fracasado intento de Macri de suplir primero a uno y luego a otro apenas sirvió para manifestar el hartazgo de la sociedad frente al kirchnerismo y no alcanzó para impedir su regreso. Con el peronismo real ausente de la discusión, sin líderes peronistas francos y claros, actualizados y preocupados por lo que cualquier peronista debería haber estado preocupado: cómo integrar correctamente a los trabajadores en el poder dentro de una economía liberal de mercado.

¿Hay algún líder peronista o sindical pensando informada y seriamente en esto?

La doctrina peronista sigue siendo la misma, con el PJ como instrumento electoral y los trabajadores como la columna vertebral del movimiento: hay solo que replantear los métodos para protegerlos. Una nueva ingeniería legal que redefina los contratos laborales, la representación sindical, las obras sociales y que proteja a los trabajadores sin contaminar la inversión y la productividad. Es esencialmente en esto que los aspirantes a líderes del peronismo y de las organizaciones sindicales deberían estar pensando hoy.

En vez de aferrarse a las antiguas prácticas que hoy solo perjudican a los trabajadores, ya alentando el trabajo en negro o desalentando la inversión, reinventar todo para defenderlos adecuadamente, alentando a la vez la creación de nuevas fuentes de trabajo y la inversión nacional y extranjera. Como hizo el General Perón en 1945 y después: creando lo nuevo y asegurando un poder para los trabajadores, hoy en riesgo de perder todo por la falta de arrojo y creatividad de sus líderes.

El actual gobierno está haciendo su trabajo de sanear la macroeconomía y, aunque le está resultando bastante más difícil de lo previsto, lo peor está aún por delante, cuando una enorme masa de trabajadores no pueda estar a la altura del poder que debería conservar. No se trata de derrocar a Milei, se trata de ser más que Milei.

Se trata de volver a ser el gran partido nacional de la producción y el trabajo, se trata de reconocer los logros de los años 90 orgullosamente como propios, se trata de reconocer la cobardía de no haber enfrentado al kirchnerismo con la razón y la inteligencia, se trata de aceptar que el Estado está obligado a estar presente como expresión de la comunidad toda pero no a ser empresario, se trata de servir a los mismos nobles fines justicialistas aceptando la irreversible necesidad de una economía abierta y libre.

Muchos dicen que nadie sabe cómo oponerse a un Milei que en muchísimos aspectos deja mucho que desear como Presidente de todos los argentinos. El peronismo, a esta altura, debería ya haber aprendido su lección y sus aspirantes al liderazgo que sustituya al siempre amenazante liderazgo de los últimos Kirchner, deberían saber exactamente qué tienen que hacer ya mismo.

Ser más liberales que el Milei anárquico, ser más políticos que el Milei anti-casta, y ser capitalistas sin vergüenza pero con la vuelta de tuerca anexa para favorecer, de verdad, a los trabajadores.

jueves, febrero 29, 2024

¿ANARQUÍA O LIBERALISMO?

 


El desorden político parece crecer cada día a pesar de que el Presidente Milei sigue contando con una alta aceptación de una buena parte de la población, siempre legítimamente esperanzada en que este gobierno termine con la inflación y consega una moneda estable para regresar a una economía de libre mercado.

Decimos regresar, pero no inocentemente. La Argentina ya conoció su revolución peronista-liberal en los años 90 y el recuerdo es el de una gestión hábil y ordenada, tanto en lo político a cargo de Menem como en lo económico a cargo de Cavallo. Había un esfuerzo, como lo hubo después durante el gobierno de Macri, de respetar las instituciones y de favorecer una atmósfera cordial y políticamente educada.

En el caso de Javier Milei, se esperaba un prolijo político liberal, algo así como un discípulo de Cavallo, por quien siempre mostró tanta bien merecida admiración. Un Cavallo que incluso anunció que votaría por él, brindándole no solo su confianza y dándole un espaldarazo, sino aconsejándolo toda vez que lo precisase. Sin embargo, el Milei economista no parece estar completamente dedicado a su trabajo, muy distraído con sus aspiraciones de líder global del anarco-capitalismo. Una doctrina que precisaría quizá convencer antes a una todavía pesada minoría anti-liberal de las bondades del liberalismo, en vez de promover una suerte de trotskismo capitalista universal. A la hora de la sensatez, los extremismos confunden y sí, crean anarquía.

Una anarquía a la que una Argentina pobre y debilitada en todos sus ámbitos, no puede responder. La Argentina precisa un Milei que acepte modestamente el rol real que le otorgó una parte de la ciudadanía y el que le consintió Macri al prestarle sus votos para ganar la presidencia: el de ser un buen liberal y lograr otra vez lo que Menem y Cavallo lograron,  lo que Macri intentó y no consiguió.

La Argentina precisa una conducción estratégicamente sensata, capaz de hacer buenos acuerdos, en especial con ese peronismo que también apoyó a Menem en su momento y que sigue a la deriva, esperando más bien conducción que confrontación.

Hoy tenemos otra vez una división. Lamentablemente, no es la que el Presidente Milei identifica. No es él contra la casta y ni siquiera él contra el estatismo (ver el interesante giro de Cristina Kirchner que por fin parece entender que el peronismo no solo puede sino que DEBE ser liberal en la economía). Se trata de algo nuevo: un estilo anárquico y rupturista--extremadamente grosero y maleducado, además—contra la institucionalidad y las mejores maneras de la política civilizada.

Si los adolescentes hoy prefieren pavear en las redes, emborracharse en el primer día de la secundaria y soñar con irse a otro país, en vez de aprender a hablar, escribir y leer correctamente, no hay que sorprenderse. No hay una realidad visible que los contradiga. Siguen la moda de la época: la anarquía que se les propone desde el mismo máximo poder nacional.

Tuvimos casi veinte años de kirchnerismo con su fantasía setentista de la Cuba socialista. Podemos tener veinte años más de anarquía a la moda de mal admirado Trump, promotor de la más escandalosa rebelión contra las instituciones norteamericanas. Inadecuadamente admirado, además, por ser un enemigo declarado de América Latina y cerrar la frontera al libre comercio. Inoportunamente admirado, además, por proponer retirar a Estados Unidos de Europa y dejar que Rusia continúe con su expansión, además de su persistente y destructivo accionar en las Américas.

El juvenil presidente con alma de adolescente puede seguir su fortuna porque así lo dicen el I Ching, el Tarot y las fuerzas del cielo, pero la Argentina tiene otras creencias y otras cartas y, aparentemente, está decidida a jugarlas.

Sería mejor un profundo baño de sensatez y que el Presidente—que ya sabemos es honesto y acepta que tiene que esforzarse para ser buena persona—madure de una vez y dé el ejemplo a tanto chico que no sabe cómo tiene que ser ni qué tiene que hacer para vivir una vida plena, útil y feliz.

Y no solo él debe madurar. La carencia de adultos responsables y confiables en la política es enorme. Faltan líderes sensatos, experimentados y respetables. Los que supimos tener hasta la debacle kirchnerista.

¿Quién será el primero en dar el ejemplo y demostrar que la Argentina no solo quiere sino que todavía puede?

sábado, enero 27, 2024

UN BUEN GOBIERNO DE MILEI TODAVÍA ES POSIBLE

 Y, naturalmente, llegó la hora de la verdad. En la cancha se ven los pingos, y en la cancha, el recién electo presidente Milei tropezó y rodó, a pesar de que el liberalismo fue la opción más votada por los argentinos y que el candidato perdedor, Sergio Massa, expresaba también la aún no formulada vertiente liberal del peronismo.


Ya se ha dicho demasiado en los últimos días acerca de los motivos del tropiezo, la falta de experiencia política y el desconocimiento práctico de qué hacer cuando se es una notable minoría en ambas cámaras.


De lo que poco se habla, es de qué debería hacer Milei para conseguir, a pesar de todo, un gobierno digno y eficaz que cumpla con las principales metas de estabilidad de la moneda y de libertad y seguridad en la inversión y la producción.


Los consejos de sentido común de su hermana o de sus jóvenes acompañantes habituales, no bastan a la hora de tener que contar con una comprensión cabal de cómo proceder. A nadie con una mínima experiencia política se le hubiera ocurrido entramparse con un DNU que abarcase tantos temas y una ley ómnibus en la misma línea. Eso ya ha quedado claro y está en vías de solución. Lo que no está claro, es el marco político general en el que Milei debe desenvolverse.


En vez de dialogar con la CGT y los movimientos sociales para hacerlos parte del proyecto de una economía liberal que beneficie a todos, Milei se creó un enemigo innecesario, un enemigo además perdido en su propio pasado sin la conducción política adecuada para hacerlo avanzar en su misión de proteger a los trabajadores y las fuentes de trabajo de modo pragmático.


El peronismo se perdió la ocasión de hacer una revolución liberal al estilo de Menem. Sumergido y paralizado por el kirchnerismo, no se animó a tanto, a pesar de que fuimos muchos los que, desde hace más de dos décadas, venimos señalando ese inevitable rumbo.


Si hubiese ganado Massa, hubiéramos asistido a esa revolución liberal, en modo más lento, con un ministro de economía que seguramente hubiese sido Melconian o, incluso, el mismo Milei, con tanto lazo entretejido con Massa. Y la CGT y los trabajadores y los movimientos sociales—que, en realidad, deberían ser parte de la CGT ya que también sus integrantes son trabajadores, solo que desocupados—hubieran comenzado a considerar los nuevos instrumentos modernos para proteger a sus afiliados y, más aún, lograr la incorporación masiva a los sindicatos de todos aquellos que hoy están en la economía informal o desocupados. Sí, eso es posible, pero, para darse cuenta de que lo es, hay que tener una mentalidad que sea a la vez peronista y liberal. Y no, no es un oxímoron: el peronismo no está de ningún modo reñido con el capitalismo, como lo demostraron los hoy nuevamente admirados Menem y Cavallo.


Pero Milei no es Menem ni Cavallo, así que hay que ayudarlo a ser un poco de los dos, mostrándole qué partes de su proceder político no funcionan.


En Davos, pareció demostrar que le importa más su rol global de único líder anarco-capitalista que ser el eficiente y moderno presidente de un país destruido. Error: los argentinos ya tuvimos casi dos décadas con una ambiciosa supuesta líder de la izquierda latinoamericana, que nos hundió allí dónde estamos, con una base china en la Patagonia, además, y una cantidad respetable de agentes cubanos al acecho. Lo que precisamos ahora es un modesto líder liberal, que olvide los sueños grandilocuentes y se dedique a aquello para lo que fue votado: lograr una Argentina económicamente viable. Con un liberalismo sencillo y bien entendido y buen diálogo con todos los actores productivos, incluyendo a los trabajadores ocupados y desocupados, es suficiente.


¿Nos importan los Estados Unidos? ¿Nos importa Israel? Sí, pero no hay que fascinarse ni confundirse con Trump, el gran amigo de Putin que lo ayuda financiando las largas caravanas de latinoamericanos ilegales en la frontera. Una cierta distancia que permita una soberanía real en la política exterior, es lo conveniente, ya que la supuesta afinidad capitalista es engañosa. Los EE UU son capitalistas sea quien sea el presidente. Hay que mirar el mapa del mundo y las guerras en curso.


¿Cómo construir una mayoría en las cámaras? Hace falta un Menem real para organizar esto, y no solamente uno que porte el apellido. El peronismo está sin conducción, pero su último aspirante a conductor, Massa, está desocupado. Puede ser un perfecto jefe de gabinete y armar todo lo que hoy está disperso, incluyendo el diálogo con los trabajadores. No le va a gustar a Macri, que apoyó a Milei solo para evitar que Massa fuera presidente, pero eso no tiene importancia. También Macri deberá rever su cerrazón a aliarse a tiempo al peronismo. Pichetto puede ayudarlo y ayudar a Massa también, si este es invitado a participar para cerrar por fin la famosa brecha y cambiar el aire político.


Y hace falta agregar el ingrediente Cavallo: la dolarización distrae, inquieta y debe revestir su mejor, más práctica y rápida forma, la de la convertibilidad  flotante. Libertad para operar con las dos monedas, ya mismo, y Banco Central independiente, confiando en que, si esta vez se logra eliminar el déficit fiscal y con él, la inflación, a nadie se le ocurrirá volver atrás. ¿Por qué no confiar en que hemos crecido y aprendido?


El Presidente Milei puede dejar de lado su comprensible decepción y aceptar que la hora de las grandes utopías todavía no llegó y concentrarse en no fracasar en el intento de lo que sí es posible. Se transformará en un muy respetado líder liberal mundial si consigue, con la ayuda interesada del peronismo que quiere zafar del kirchnerismo para siempre, transformar a la Argentina en un país con una economía libre y próspera, y, de paso, justa y soberana. ¿Qué más?